INVOCACIÓN A LA DIOSA VENUS.



Adaptación de la invocación a Venus.

Diosa Venus, diosa Afrodita, diosa Turan, diosa Amiga, diosa Armada, diosa Celestial, diosa Dorada, o con cualquier otro nombre con el que quieres ser llamada.

Diosa Venus, engendradora de los romanos, placer de hombres y dioses, que bajo las constelaciones deslizantes del cielo pueblas el mar de navíos y pueblas las tierras de frutas. Porque gracias a ti toda raza de vivientes queda concebida y al nacer contempla la lumbre del sol.

Ante ti, diosa, ante ti huyen los vientos, ante ti nubarrones del cielo y a tus pies la tierra trabajadora pone flores tiernas, te sonríen las llanuras del mar, y el cielo serenado brilla en luz que se derrama. Y es que al tiempo que la faz primaveral del día se desvela y arrecia el suelto soplo del viento que transporta el polen que fecunda las flores, las aves del aire primero delatan tu presencia y tu entrada cuando tu fuerza golpea sus corazones; al punto las fieras y las reses retozan por lozanos pastizales y cruzan nadando y comen arrebatadas: así cada una, cautiva de tu encanto, te sigue adondequiera que pretendas llevarla. Y al cabo por mares y montes y ríos arrebatadores, por las moradas frondosas de las aves y los prados verdeantes, inculcándoles a todos dulce amor en sus pechos logras que con ansias propaguen por especies sus generaciones.

Haz que entretanto los fieros menesteres de la guerra por mares y tierras todos se aquieten adormecidos. Porque sólo tú puedes beneficiar a los mortales con paz serena, ya que los fieros menesteres de la guerra los gobierna Marte omnipotente. Ese que a menudo, derrotado por herida perdurable de amor, se acuesta en tu regazo, y así, levantando sus ojos, echada hacia atrás la bien torneada nuca, apacienta, anheloso de ti, miradas ansiosas de amor, y en tu boca se encarama el aliento del tendido: sobre este tú, divina, mientras está recostado en tu cuerpo santo, desparrámate y viértele de tu boca dulce charla pidiéndole grata paz, excelsa tú, para los romanos.

Mientras la paz sea con nosotros será joven la primavera, la primavera melodiosa estará aquí. En primavera se prometen los enamorados; en primavera se aparean las aves, y los árboles desatan su cabellera al caer la lluvia fecundante. Tú, diosa, que unes a los amantes trenza, a la sombra de los árboles, verdeantes chozas con tiernos ramajes de mirto. Que la púrpura de las flores revele su pudor: ese rocío que los astros en la noche serena destilan y al amanecer muestren los virginales senos de sus húmedos ropajes. Al amanecer permite, Venus, que las vírgenes rosas, húmedas de rocío, se desposen.

Tú diosa Venus proclama tus leyes, sentada en majestuoso trono.


Nada más te pido por hoy, diosa entre las diosas.


Autor: Ángel Portillo.


Fuentes: La Naturaleza de Lucrecio.
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Foto: dominio público, Venus Anadiómena.