LAS MATRONALIA.

Según nos cuenta Ovidio, el rey de Roma, Rómulo, se quejaba a su padre, Marte, de que a pesar de que lo había pregonado ninguna tribu, por lejana que fuera, quiso dar a sus hijas en matrimonio a los romanos. El dios conmovido por las palabras de su hijo le dijo:


—Te he dado, hijo, el carácter de un padre: fuera las súplicas; las armas te darán lo que deseas.

Se preparó entonces la trampa a los sabinos y estos fueron invitados a una fiesta; unos dicen que dedicada a un dios arcaico llamado Conso, otros que dedicada a Hércules. Tras engañar a los confiados sabinos y encerrarse tras las murallas los romanos tomaron por esposas a las mujeres secuestradas. Como era de esperar los sabinos montaron en cólera y prometieron venganza.

Tras periodos de guerra y tregua llegó la batalla decisiva, pero para entonces las hijas y hermanas de los sabinos ahora eran esposas y madres de romanos.

Tito Tacio lideraba a los Sabinos y Rómulo a los romanos. Mientras los dos ejércitos tomaban posiciones las mujeres sabinas, ahora romanas, temían por sus padres, esposos y hermanos. Hersilia, mujer de Rómulo, la más hermosa y decidida de todas ellas alzó la voz diciendo:

—Mujeres raptadas a un tiempo, puesto que eso tenemos en común, no podemos seguir demorándonos en el cumplimiento de nuestros deberes para con los nuestros. Los ejércitos están en posiciones, pero elegid por cuál de las dos partes vamos a implorar a los dioses. A un lado empuña las armas nuestro esposo, al otro, nuestro padre. Hay que averiguar si preferís ser viudas o huérfanas. Yo voy a proponeros un plan arrojado y piadoso.
Tras ello pidieron ayuda a Juno.

Lienzo mujer, dominio público portal Pixabay.

Los ejércitos ya habían acabado las maniobras de aproximación y todo estaba preparado para la lucha, tan solo faltaba el sonido de las trompetas para anunciar el inicio de las hostilidades. Entonces las mujeres, con sus hijos en sus regazos, salieron de la protección que les brindaban las murallas con el pelo suelto y vistiendo sus desconsolados cuerpos con vestidos de luto y se dirigieron en procesión hacia el espacio que había entre los dos ejércitos. Cuando alcanzaron el medio de la campaña, se pusieron de rodillas en el suelo mirando a sus esposos, y los nietos, como si hubieran comprendido, dando tiernos gritos, tendían los brazos hacia sus abuelos. Cayeron las armas y los ánimos de los hombres, y, abandonando las espadas, suegros y yernos se estrecharon las manos. Alababan a sus hijas y esposas y sobre el escudo llevaba el abuelo a su nieto. Este uso del escudo resulta más dulce. Desde aquel día padre y marido ya no se llamaban entre ellos sabinos y romanos, a partir de entonces se llamaron quirites. El día de las calendas de marzo (día 1) consideran deber no pequeño el celebrar el día del nacimiento de Marte y recordar los hechos realizados por las matronas romanas.

Las mujeres levantaron entonces un templo dedicado a Juno Lucina, pues Juno madre de dioses quiere a las mujeres casadas. Estas empezaron a ir en legión a visitarlo portando flores pues con plantas floridas se regocija la diosa. Se ciñen la cabeza con coronas, con el pelo suelto y sin ningún nudo en el vestido recitan:

—Tú, Lucina, nos diste la luz. Atiende tú las plegarias de la parturienta. Y toda la que se halle embarazada, suéltese el pelo y rece para que se resuelva su parto sin dolor.

En conmemoración del valiente acto realizado por las mujeres, de las que nacieron todos los romanos, las matronalia rememoraban su entrega y valor. Los maridos regalaban flores y joyas, dedicaban oraciones a sus esposas y se hacía fiesta grande en las casas.



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Fuente: Fastos de Ovidio.

Ángel Portillo autor de:
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Miembro del grupo de recreación historica Barcino Oriens (Legio II Traiana Fortis) y Miembro de Divulgadores de la Historia.

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