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Mostrando entradas de agosto, 2018

Plinio el viejo - Libro VII

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26 Las hazañas celebres Verdaderamente corresponde al honor del Imperio Romano, no sólo al de un hombre, que se mencionen en este más celebre lugar todos los títulos de las victorias y los triunfos de Pompeyo Magno, ya que el brillo de sus hazañas se iguala no sólo con las de Alejandro Magno sino incluso casi con las de Hércules y las del padre Líber. Pues, una vez recuperada Sicilia, momento desde el que comenzó mostrándose primero partidario de Sila en la causa de la República, después de dominar África entera y someterla a su autoridad, por lo que recibió como trofeo de guerra el nombre de Magno, entró en carro triunfal, cosa que nadie había obtenido antes, siendo caballero romano, y pasando inmediatamente a Occidente, además de conseguir trofeos en los Pirineos, añadió a la victoria ochocientas setenta y seis poblaciones, desde los Alpes hasta los confines de la Hispania Ulterior, sometidas a su autoridad, y con gran magnanimidad guardó silencio sobre Sertorio y, después de pon

La leyenda de Lucrecia y el final del último de los reyes de Roma.

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En ese tiempo Sexto, el mayor de los hijos de Tarquinio el sobervio, fue enviado por su padre a una ciudad llamada Colacia, para llevar a cabo ciertas gestiones militares, se alojó en casa de su pariente Lucio Tarquinio, apodado Colatino. Este se encontraba por entonces en el campamento, pero su mujer romana, hija de Lucrecio, un ilustre varón, lo agasajó, como correspondía a un pariente de su marido, con gran solicitud y amabilidad. Sexto trató de seducir a esta mujer, que era la más hermosa y prudente de las mujeres de Roma, pues ya desde hacía tiempo albergaba este deseo cada vez que se alojaba en casa de su pariente, y entonces creyó encontrar la ocasión apropiada. Después de la cena se fue a acostar y esperó gran parte de la noche. Cuando pensó que todos dormían, se levantó, fue a la habitación en la que sabía que dormía Lucrecia y entró con una espada. Se colocó junto al lecho, y la mujer, despertando al oír el ruido, le preguntó quién era. Él le dijo su nombre y le o

Religiosidad del pueblo romano.

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No hay un solo acto en la vida privada o pública de los romanos en que no se haga intervenir a los dioses. Fustel de Coulanges, dijo esto a propósito de la religiosidad del pueblo romano: «La casa de un romano era para él lo que un templo para nosotros: en ella se encuentra su culto y sus dioses. Su hogar es un dios; dioses son los muros, las puertas, el umbral; los límites que rodean su campo también son dioses. La tumba es un altar; sus antepasados, seres divinos. Cada una de sus acciones cotidianas es un rito, el día entero pertenece a su religión. Mañana y tarde invoca a su hogar, a sus Penates, a sus antepasados; al salir de casa o al volver, les dirige una oración. Cada comida es un acto religioso que comparte con sus divinidades domésticas. El nacimiento, la iniciación, la imposición de la toga, el casamiento y los aniversarios de todos estos acontecimientos, son los actos solemnes de su culto. Sale de su casa y apenas puede dar un paso sin encontrar un objeto sagrado: o es

Yo, Marco Ulpio Trajano de Jesús Pardo.

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Capítulo 2 Yo soy Marco Ulpio Trajano, un espíritu vivo que trata de liberarse de un cuerpo muerto. Nací en el extremo occidental del imperio y llegué, victorioso, a su extremo oriental. Los dioses me detuvieron cuando estaba a punto de llegar al Indus, más allá que ningún otro romano armado, más allá que Alejandro mismo. Ahora busco un cuerpo en el que continuar mi avance hasta la cuna del sol: los romanos, nacidos de la noche, debemos rematar nuestra historia consumiéndonos bajo el ardor del sol en su cuna misma. Desciendo de los Vulpios, los descendientes de la zorra, cuya sangre fructificó en tierra italiana hasta más allá de Etruria, y luego fue a Bética, donde su último portador, Lucio Ulpio Rotundo, fue adoptado por el último de los Trahio, que dio su casa, su fortuna y su gloria de debelador de los turdetanos al joven caído en la ruina, pero cuya sangre era demasiado preciosa para diluirse en el olvido. De los Vulpios se dice que su primer ascendiente había

LAS LEGIONES, CONSTRUCTORAS DE LAS VÍAS

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Las vías romanas nacían al ritmo que avanzaban las legiones romanas de la República y del Imperio. El papel de los legionarios no se limitaba a combatir al enemigo, sino a difundir la pax romana en las nuevas tierras incorporadas y a mantener los mecanismos de control de las mismas. En consecuencia, sea en el transcurso de las campañas, sea al cesar los enfrentamientos, el legionario sabía que llegaría el momento de despojarse de su armadura ( lorica segmentata ), de su casco ( galea ) y de su armamento ( pilum, gladius y scutum ), para servir de mano de obra en la construcción de las carreteras, forjadoras del estilo de vida romano. Sobre los generales además recaía la responsabilidad de que a sus tropas no les absorbiese la molicie, ni que el ocio alterase su ánimo o la quietud de las armas oxidase su forma física, y el afanarlos en la creación o reparación de vías aparecía como el remedio perfecto. La calzada de Bolonia a Arezzo surgió así, como iniciativa del cónsul Flaminio co

Una vida en armas: los legionarios.

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Legiones concentradas para aplastar la revuelta de los esclavos liderada por Espartaco; una feroz carga contra bárbaros iracundos… Las imágenes de legionarios romanos están ligadas a las transmitidas por las novelas, el cine y la televisión. Sin embargo, aparte de los breves momentos de batalla, disciplina, matanzas, valentía y muerte, ¿cómo era la vida de un legionario romano? Las fuentes, aunque se ha recurrido a ellas profusamente, no permiten contar la historia del legionario corriente en un momento dado durante los primeros tres siglos de nuestra era. Sin embargo, es posible obtener una imagen compuesta basada en el material existente de ese periodo. Legiones concentradas, aulladoras hordas de bárbaros, valentía en la batalla…, todo eso existía, pero expondré el resto de la existencia de los legionarios con todas sus limitaciones, esperanzas, banalidades y emociones. El legionario, como otros romanos olvidados o invisibles, prácticamente nunca es tratado individualmente

La vida de un Legionario en la época de las guerras de la Galias.

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La marcha Para levantar el campamento se daban tres toques de cornu . Al primer toque se desmontaban las tiendas, al segundo, se cargaban las bestias y las carretas. A continuación. Los legados preguntaban por tres veces si los soldados estaban dispuestos para el combate, y cada vez aquéllos respondían: «¡Estamos preparados!». En ese momento sonaba el tercer toque y la vanguardia se ponía en movimiento, seguida por el grueso de la tropa. Cada legionario llevaba un pesado equipo personal sobre una furca , sistema que fue introducido por Mario hacia el año 107 a. C. El convoy de carga transportaba la impedimenta pesada: tiendas, muelas manuales, artillería, provisiones. etc. Estaba formado principalmente por animales de carga (sobretodo por mulos), pero también lo componían algunas carretas tiradas por bueyes o por caballos. Los oficiales superiores tenían derecho a varios mulos: cada centurión tenía uno y se disponía de uno por tienda. Una legión contaba con 1200 o 1500 besti

CONTRASEÑAS Y TOQUES DE TROMPETA.

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II Las Legiones IV.   CONTRASEÑAS Y TOQUES DE TROMPETA Todos los días, al ponerse el sol, el oficial de mayor rango del campamento emitía una nueva contraseña y a cualquiera que se aproximara al campamento por la noche se le pediría que dijera cuál era. El tribuno de la guardia tenía que pasarle la nueva contraseña a cada uno de los tesserarius, que se ocupaban de que llegara a los distintos puestos de guardia para su uso durante las siguientes veinticuatro horas. Las contraseñas también se utilizaban en Roma, donde eran emitidas por el emperador o, en su ausencia, por un cónsul. Nerón eligió en una ocasión la frase «La mejor de las madres» como contraseña. Claudio, a menudo, utilizaba citas de Homero. La vida diaria de los legionarios estaba regida por los toques de trompeta. «Todos los guardias están listos al sonido de un lituus y son relevados al sonido de un cornu», dijo Vegecio [Vege., III]. Los legionarios se levantaban y se acostaban cuando lo marcaba el respectivo to

FORTIFICACION DE CAMPAMENTOS.

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Que opinaba Flavivs Vegetivs Renatvs en su EPITOMA REI MILITARIS, en cuanto a la fortificación de un castrum con o sin presencia del enemigo. LIBRO I XXIIII FORTIFICACION DE CAMPAMENTOS. Hay tres formas de atrincherar un campamento. Cuando el peligro no es inminente, llevan una estrecha zanja alrededor de todo el perímetro, de sólo 2,66 metros de ancho y dos de hondo. Con la turba que se ha sacado, se hace una especie de muro o terraplén de noventa centímetros de alto en la cara interior del foso. Pero donde haya motivo para temer ataques del enemigo, el campamento de rodearse de un foso regular, de 3 metros y medio de ancho y 2,66 metros de hondo, perpendicular a la superficie del terreno. Se eleva entonces un parapeto en el lado próximo al campo, de una altura de cuatro pies, con obstáculos y fajinas (haces de palos) adecuadamente cubiertas y aseguradas a la tierra sacada del foso. Con estas dimensiones, la altura interior del atrincheramiento alcanzará los 3,85 metros

Lignum – Ángel Portillo. Capítulo I – La Urbe. (Fragmento)

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Lignum – Ángel Portillo (próximamente, este otoño) Capítulo I – La Urbe. (Fragmento) […..] En el foro Boriano no pude evitar visitar el templo de Hércules, una estructura circular rodeada por veinte columnas de mármol traído del norte de Italia, con su tejado en forma de cono no muy puntiagudo. Me maravillé de nuevo con la espléndida estatua de su interior hecha de bronce dorado que representaba al héroe totalmente desnudo marcando sus poderosos músculos. En su mano derecha p ortaba la maza, con la que, según la tradición, el glorioso semidiós mató a un gigante bandido que causaba pánico entre las buenas gentes de estas tierras. Según cuenta la leyenda, el héroe, durante uno de sus viajes, decidió hacer un descanso aquí cerca, en el Aventino, una de las colinas de Roma. Antes de dormir, dejó las reses que cuidaba pastando en la fresca hierba que había a su alrededor. Caco, el ladrón, las encontró y decidió quedarse con algunas de ellas. Las arrastró por la cola para que las huel