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domingo, 12 de mayo de 2019

LEMURIA (DÍAS 9 a 13 de MAYO)


Cuando la noche estaba mediada y esta invitaba al sueño, cuando ya han callado los perros y junto a ellos todas las aves del cielo, el pater familias se levantaba, a oscuras, de su catre y se lavaba las manos puras con aguas de una fuente. Caminando descalzo y sin ningún nudo en los ropajes que cubrían su cuerpo avanzaba haciendo el gesto de la higa (dedo pulgar entre el índice y el anular, que aleja la mala suerte y atrae la buena fortuna). Su esperanza era que los lémures, espíritus atormentados que podían vagar por su domus, no le hostigaran. Durante las lemuria estas almas salían del inframundo y vagaban libres. Todo el afán del buen pater familias era la de expulsarlos de su casa y evitar que los lémures lo dañaran a él o a los suyos.

Así pues caminando, sin darse la vuelta, en negra noche y con los pies desnudos recitaba lo siguiente:

HAEC EGO MITTO, HIS REDIMO MEQUE MEOSQUE FABIS.
HAEC EGO MITTO, HIS REDIMO MEQUE MEOSQUE FABIS.
HAEC EGO MITTO, HIS REDIMO MEQUE MEOSQUE FABIS.
HAEC EGO MITTO, HIS REDIMO MEQUE MEOSQUE FABIS.
HAEC EGO MITTO, HIS REDIMO MEQUE MEOSQUE FABIS.
HAEC EGO MITTO, HIS REDIMO MEQUE MEOSQUE FABIS.
HAEC EGO MITTO, HIS REDIMO MEQUE MEOSQUE FABIS.
HAEC EGO MITTO, HIS REDIMO MEQUE MEOSQUE FABIS.
HAEC EGO MITTO, HIS REDIMO MEQUE MEOSQUE FABIS.
(Lanzo estas habas y con ellas me salvo a mí y a los míos).

Foto 1

Con cada una de estas frases tiraba unas habas negras a su espalda. Los espíritus las recogían y las comían. Las habas eran símbolos de fertilidad y se las consideraba un sustituto de las almas que podían querer despojar los lémures. Tras eso y haciendo sonar, cada vez, un objeto de bronce, repetía:

MANES EXITE PATERNI. (Cling).
MANES EXITE PATERNI. (Cling).
MANES EXITE PATERNI. (Cling).
MANES EXITE PATERNI. (Cling).
MANES EXITE PATERNI. (Cling).
MANES EXITE PATERNI. (Cling).
MANES EXITE PATERNI. (Cling).
MANES EXITE PATERNI. (Cling).
MANES EXITE PATERNI. (Cling).
(Salid, espíritus de mis antepasados).


Tras eso el máximo responsable de la familia se daba la vuelta. En la más profunda oscuridad se giraba con la esperanza que las almas vagantes hubieran abandonado su hogar y hubieran vuelto al inframundo. Todo padre de familia que realizaba correctamente el rito conseguía lo deseado, los espíritus esperarían una nueva oportunidad el año siguiente. Los días 10 y 12 no eran propicios para este ritual pues los romanos creían que los números pares traían mala suerte y no era cuestión de sumar más desgracias a esos días sombríos.

Foto 2
Según Ovidio en Fastos, tras enterrar los restos de Remo, los ciudadanos romanos, entristecidos, marcharon a sus casas a descansar en sus lechos. Una vez allí a alguno de ellos les pareció que la sombra ensangrentada del gemelo del rey de Roma se sentaba junto a ellos y que con pesar en la voz les dirigía estas palabras:

«Aquí me tenéis, a mí, que era la mitad, la justa mitad de vuestros desvelos; ¡mirad cómo estoy, tan distinto de cómo era hace poco! Si los pájaros me hubiesen asignado el reino, yo hubiera podido ser el más grande de mi pueblo; ahora soy una sombra vana escapada de las llamas de la pira: ¿ésta es la imagen que ha quedado de aquel Remo que fui! ¡Ay!, ¿dónde está mi padre Marte? Si es que vosotros habéis dicho la verdad y él nos proporcionó las ubres de la loba cuando estábamos abandonados. ¡Oh, cuanto más generosa fue ella! Despiadado Celer (según Ovidio Celer fue el que mató a Remo), ojalá rindas por herida tu alma cruel y desciendas a la tierra ensangrentada igual que yo. Mi hermano no había querido esto, él me tiene amor, yo le correspondo; dio sus lágrimas a los Manes, que es lo que podía. Pedid vosotros a él, por vuestras lágrimas, por la nutrición que me dispensasteis, que señale en mi honor la celebración de este día».

Los ciudadanos contaron a Rómulo las palabras de su hermano, este hizo caso y llamó Remuria a estos días. Estos en los que se cumple con el deber para con los antepasados. La primera letra seca, primera del nombre del gemelo del primer rey de Roma, fue cambiada a lo largo del tiempo en una más suave. Luego llamaron lémures a las almas de los silenciosos. Éste es el sentido del nombre. 



¿Os imagináis que el pater familias no hubiera hecho correctamente el rito y al mirar atrás, entre la segunda y la tercera vigilia —cuando la noche es más oscura—, uno de esos lémures le intentara arrancar con sus manos su ya perdida alma?

Por si acaso, repetid conmigo: MANES EXITE PATERNIS


lunes, 8 de abril de 2019

FUNUS EN SAGUNTUM, FUNERAL DE CNEO BAEBIO GEMINO.


Cneo fue un personaje importante de la ciudad en la época de Augusto, en la cual Saguntum logró el grado de municipium. Este hombre pagó con su dinero el foro saguntino construido en el castillo de Sagunto. La obra no pudo ser acabada por él pues al parecer murió joven y esta tuvo que ser acabada por su hermano, respetando este lo que el fallecido pidió en su testamento.


El foro se distribuía de la siguiente manera: al norte, el templo Imperial y la curia; al oeste, la basílica, y al este, las tabernae, donde se desarrollaban las actividades comerciales. La plaza estaba enlosada con bloques de caliza gris.


En este foro se podía leer una inscripción parecida a esta:

CN – BAEBIVS – CN – F – GAL / 
GEMINVS – TESTAMENTO – GEMINI / 
FRATIS FORUM – FEC

Hay varias versiones sobre el significado de esta inscripción, pero todas vienen a decir que Gneo Baebio, hijo de Gneo de la familia Galeria, hizo construir el foro y que al fallecer lo acabó su hermano.


Foto 1


Como es de suponer la muerte de un hombre tan importante fue dolorosa para la ciudad. Se pregonó esta por todas las plazas y los amigos y prohombres de Sagunto fueron a mostrar sus respetos a la domus Baebia. Previamente se prepara al cadáver: se trajo tierra del lugar que lo vio nacer; su pesaroso primogénito le da un beso en la boca para recoger su último aliento; le pone una moneda, un óbolo de plata para pagar al barquero; se le cierran los ojos, y, por último, se ordena al esclavo más antiguo de la familia que apague el hogar.

Se continúa con la conclamatio, entre todos sus seres queridos se traslada al cuerpo al lecho y todos y cada uno de ellos grita su nombre:

—Cneo, Cneo, Cneo.

Asegurándose, al no contestar a los suyos, que efectivamente está muerto.

Como parte del ritual también se le pone una máscara para recordar su rostro. Tras eso se coloca al difunto en el atrio de la domus con los pies hacia la puerta, ungiéndolo con aceites perfumados. Allí será velado durante siete días. Toda la estancia provista de adornos de flores aromáticas, plantas e inciensos. Es custodiado por sus familiares y es visitado por clientes, personas influyentes de la ciudad y, ¿cómo no?, sus amigos.

Al octavo día se procede a la pompa fúnebre durante la cual su muy afectado hermano, su familiar más allegado, pronuncia unas palabras:

—Salve, ciudadanos. Hoy despedimos, hoy damos el último adiós a nuestro querido Cneo Baebio Gemino… edil y pontífice y… maestro de los Salios por decreto curional. Hoy es un día muy triste para tu familia y para tus amigos. Todos sufrimos por tu partida, todos lloramos por ella. Te vas muy joven… hermano mío. Caronte está esperando en su barca. La vida ha sido corta para ti, aún tenías muchos años para darnos. Te vas imposibilitado de ver el final de tu obra, del foro… que financiabas y que tanta ilusión te hacía. Yo, tu hermano, seguiré pagando dichas obras hasta su finalización, tal como tú deseabas. Sit tibi terra levis (que la tierra te sea leve).

Las sacerdotisas piden a los dioses por la eternidad del difunto.

—A los dioses Manes, a Hares, hijo de Júpiter y de Rea, dios del inframundo. Con este pan, estas frutas y estos aceites te pedimos que des buen descanso a Cneo Baebio Gemino. A ti Caronte llévalo al mundo subterráneo con seguridad. Con el pago de la moneda condúcelo por la laguna Estigia. Escuchadme, ¡Oh!, divinidades. Sit tibi terra levis.


Foto 2


Como última parte del funeral se llevará el cuerpo a las cercanías de la Vía Augusta, donde será inhumado y se realizará una inscripción para que todos lo recuerden.

Los músicos tomarán el primer lugar de la pompa fúnebre a los que seguirán las sacerdotisas. Tras ellos las plañideras de las que se habrán contratado una gran cantidad pues Cneo era un hombre importante. A continuación de estas se trasladará el cadáver escoltado por sus amigos y allegados varones. Y, por último, sus hijos menores y su mujer, su familia.



lunes, 25 de marzo de 2019

VIDA COTIDIANA: DEL CULTO FÁLICO A PRIAPO A LA BURLA ERÓTICA (PRIAPEOS).


En la antigüedad el culto al falo tenía base religiosa. Los genitales masculinos eran símbolo de la naturaleza creadora y eran tratados con veneración tal como se hacía con otras fuerzas misteriosas de la creación. Al mismo tiempo miniaturas de falos o dibujos se usaban como amuletos de carácter defensivo hacia lo sobrenatural o mágico para librar al hombre de todo mal divino o humano.

Dentro del culto fálico ocupaba un lugar privilegiado la figura de una divinidad agraria llamada Príapo. Se le solía representar con un descomunal falo, su atributo y característica principal. Como dios de la fertilidad tenía, además de su gran miembro, los frutos del campo, que llevaba generalmente en los pliegues del vestido. La hoz le pertenecía como dios agrario, pero también le servía para espantar a los ladrones y a los pájaros. De acuerdo con este carácter agrario este era venerado normalmente al aire libre sobre piedras o columnas en jardines, bosques o viñedos.

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Según el mito más generalizado Príapo era hijo de Dioniso (o Baco) y Afrodita (o Venus), pero Hera (o Juno), por su resentimiento contra el primero y los celos contra la segunda, realizó un maleficio e hizo que el niño naciese con una deformidad. Este defecto era un pene de dimensiones extraordinarias. Ante la desproporción del bebé y por miedo a que los demás dioses rieran de ella su propia madre lo abandonó en los bosques. Allí fue recogido y criado por unos pastores. Sus padres adoptivos acabaron rindiendo culto a su virilidad. Ese es el nacimiento de Príapo como dios agrario y de la fertilidad.


¿Qué es un Priapeo? Los Priapeos son breves poemas eróticos que hacen referencia a Príapo. En este tipo de poesía se quiere hacer creer que la recita el mismo Príapo en persona o un devoto que lo hace en nombre del dios.

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Ejemplos de Priapeos. (Subidos de tono).
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Ten cuidado no te coja. No te castigaré, si te cojo, a garrotazos, ni te produciré crueles heridas con la curvada hoz. Atravesado con mi percha descomunal, quedarás tan estirado que no creerás que tu culo tenga rugosidad alguna.
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Lejos de aquí las castas matronas: es vergonzoso que leáis impúdicos versos. Eso les importa un comino y se vienen derechas. Sin duda las matronas se regodean contemplando a gusto una buena polla.
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Ventaja, y no pequeña, tengo en mi falo: ninguna mujer puede resultarme demasiado ancha.
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El rey del rayo es Júpiter. De Neptuno el arma es el tridente. Poderoso gracias a su espada es Marte. La lanza, Minerva, es tu atributo. Con el tirso emparrado, Baco entabla el combate. Como todo el mundo sabe la mano de Apolo lanza la flecha,. Arma la pica la invicta diestra de Hércules. Pero a mí un falo erecto me hace terrorífico.
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Que me muera, oh Príapo, si no me da vergüenza decir palabras torpes y obscenas. Pero como tú siendo dios, muestras tus huevos al aire dejando de lado el pudor, debo yo llamar al coño, coño, y al falo, falo.
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Aunque soy de madera, una muchacha me da besos en el medio de mis piernas. ¿Para qué creerías tú que quiere mi pica? No hace falta augur. Creedme que dijo: «En mí emplearé esa ruda pica con golpes verdaderos».
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Para entender por qué ves empapada la parte que me acredita como Príapo, debes saber que no es rocío, ni escarcha, sino lo que brota por sí solo cuando pienso en una lasciva mozuela.
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Cuando la dulzura de los higos te invada y ya vayas a extender tu mano, mírame, ladrón, y piensa en el peso del cipote que has de cagar después.
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Tú, para no ver el testimonio de mi virilidad, te marchas de aquí, como conviene a una casta mujer. Y me parece bien, si no es que temes contemplar lo que dentro de tus entrañas deseas tener.

viernes, 22 de marzo de 2019

VIDA CORRIENTE: LIBER PATER, LAS LIBERARIAS Y LA MAYORÍA DE EDAD PARA UN ROMANO.

Liber (o Liber Pater): era una antigua divinidad itálica de la fecundidad. En las liberarias, se paseaba un enorme falo por la ciudad. Este personificaba la fuerza masculina de la procreación o lo que es lo mismo: la fertilidad. En estas fiestas se paseaba en procesión por las calles de Roma la imagen de un falo de piedra o metal y se instalaba en el Foro. Allí acudían las matronas y depositaban coronas de flores para que favoreciera a sus esposos. Se le atribuía, al falo, la protección contra el mal de ojo, por lo que era uno de los amuletos más comunes. Asimismo, en el desfile del triunfo se colocaba la imagen de un falo en el carro del triunfador para evitar todo posible encantamiento.


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 En el templo de Liber en Roma, situado cerca del Foro Boario, había representaciones de los órganos masculinos y femeninos, que simbolizaban, respectivamente, a Liber y Libera. También era uno de los dioses que formaban la Triada Aventina (o de los plebeyos), Ceres, Liber, y Libera. A quienes en el 493 a.C. tras la primera secesión entre las clases humildes y los patricios se les construyó un templo al parecer por indicación de los Libros Sibilinos. Los romanos relacionaban su nombre con la idea de la liberación de las preocupaciones, de la emisión del semen, de la libertad para hablar que da el vino, etc.

Como hemos dicho anteriormente en su honor se celebraban las fiestas de las liberarias, estas se realizaban el 17 de marzo. Ese día, ancianas coronadas de hiedra, «las sacerdotisas de Liber», paseaban por la ciudad vendiendo unos pastelillos, los liba (hechos de harina, queso y huevo, cocidos y bañados en miel). Cuando vendían uno de ellos quitaban un pedacito y en el nombre del comprador ofrecían al dios en un hogar portátil que llevaban consigo. Las familias salían a las calles esperando a las ancianas delante de sus casas.

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Era un día muy importante para los varones de entre 15 y 16 años pues eran considerados mayores de edad. El paso a la madurez tenía seguramente dos vertientes: una privada y otra pública. La primera, se realizaba en casa con la familia y en ella el joven entregaba la bulla (un amuleto protector dorado que había llevado desde pequeño) a los dioses Lares. En la ceremonia de la madurez el joven se desnudaba delante de su familia para demostrar que ya era un hombre y que sus genitales estaban bien desarrollados. Debía ser un ritual de especial significación y orgullo sentimental para toda la familia; sobre todo para el joven que comenzaba su vida adulta. En el momento de ser considerado un ciudadano romano de pleno derecho, se quitaba la toga infantil y su padre le entregaba su nueva toga que le convertía y le identificaba como un hombre adulto. Esta era la toga virilis, que estaba hecha de lana sin decolorar.

En la segunda ceremonia, la pública, los jóvenes que se habían convertido ese año en adultos, acompañados por familiares y amigos, realizaban una procesión por toda la ciudad atravesando el Foro hasta llegar al templo de Júpiter donde realizaban sacrificios. También era el momento de registrarse para que los funcionarios escribieran su nombre en el archivo estatal, o tabularium, para ser añadidos a la lista de ciudadanos romanos.

Escrito por Ángel Portillo 

viernes, 28 de diciembre de 2018

LA BONA DEA (la buena diosa).





LA BONA DEA (la buena diosa).
¿Quién era esta diosa? ¿Dónde estaba su templo?
Sabías que su culto estaba prohibido a los hombres (al igual que el de Hércules estaba vetado a las mujeres). ¿Qué tiene que ver el rito a la Bona Dea con el divorcio de Pompeya y Julio César?

Fuentes:
Un año en la Antigua Roma de Néstor F. Márques.
Diccionario de la religion romana de José Contreras, Gracia Ramos e Inés Rico.

lunes, 24 de diciembre de 2018

FELICITACIÓN DE AÑO NUEVO A TODOS LOS ROMANOS Y “DOMINAE”.

Tras 7 días celebrando las “Saturnalias”, saciado ya el pueblo del grano almacenado, celebramos la fiesta del “Deus sol invictus” e intercambiamos regalos para desear prosperidad a nuestros amigos y familiares.


Días después y con ropa nueva haremos el ritual a Jano (dios de las puertas y los comienzos). Encenderemos el fuego y tras ponernos el “capite velato” para cubrirnos, pediremos y honraremos a los dioses observando fielmente el ritual. Una vez acabado éste, el año nuevo estará ofrecido para que nos sea propicio. 

Seguiremos celebrando toda la noche y dejaremos que la llama se apague poco a poco, por si sola. Prometeremos nuevos propósitos a Jano. Simbolizado este por una llave y un báculo y representado con dos caras: una, la de un joven mirando al oriente por donde sale el sol y la nueva vida, y otra, la de un anciano mirando al occidente por donde se pone. Su joven faz nos indica que el nuevo ciclo empieza y está lleno de esperanzas y retos, y su anciana faz nos recuerda que todo es efímero; aprendamos de su experiencia y miremos al nuevo ciclo sin olvidar mirar hacia lo pasado y lo que aprendimos en los ciclos anteriores.

El “pater familias” regalará dinero a su “domina”, pero se quedará con algo para que le sea propicio el ciclo anual que se inicia. Cruzará con el pie derecho el “liminaris” (umbral) de la “domus” para que la diosa Fortuna le sonría todo el año. Agradecerá a los dioses Penates que cuidan que la despensa esté siempre llena, a los “Lares Domestici” que cuiden de su hogar y ofrecerá vino, el líquido sagrado de los dioses, a los santísimos genios para pedirles su protección.

Que el día del Sol Invictus, os colmen de regalos y deseos de prosperidad.

Que los Penates se aseguren de que tengáis alimento todo el año.

Que los Lares protejan vuestro hogar y los genios a cada uno de los miembros de vuestras familias todos los días del nuevo ciclo.

Que cumpláis los nuevos propósitos, y que Jano y Fortuna os ayuden a ello.




Ángel Portillo






martes, 4 de diciembre de 2018

FELICITACIÓN DE SATURNALIAS A TODOS LOS CIUDADANOS ROMANOS DE TODOS LOS TIEMPOS.



Autor Ángel Portillo.


En este mes de diciembre los romanos celebramos entre otras las siguientes fiestas:


Día 4, Bona Dea: diosa de la fertilidad cuyo culto esta permitido solo a la mujer. Su nombre real es desconocido y sus ritos son secretos.

Día 8, Tiberino in insula: la fiesta del río Tíber personificado en el dios Tiberino. Su templo se encuentra en la isla Tiberina y desde él controla las aguas del río de Roma.

Día 11, Agonalia: la cuarta y última Agonalia. En este día sacrificamos un carnero pidiendo al dios Sol que caliente con sus rayos.

Día 13, Idus de diciembre, Lectisternium Telluri: celebramos en honor a la diosa Tellus y también a la diosa Ceres, a quien Tellus (la tierra) está muy unida por la agricultura. 



Día 19. Opalia: dedica a la diosa Ops, esposa de Saturno y relacionada con la fertilidad en los campos.

Día 21. Divalia vel Angelronalia: Angerona es una diosa arcaica cuyos ritos son ocultos, los romanos la debemos favorecer para proteger a la propia Roma. Ella conoce secretos sobre la ciudad eterna.

Día 23, Larentalia: esta fiesta está dedicada a Acca Larentia a la madre adoptiva de Rómulo y Remo.

Día 25 Natalis Solis Invicti: este día se le conoce como brevissimus, es el día más corto del año. Su importancia irá creciendo durante los años del Imperio.

Entre los días 17 a 23, Saturnalias: dedicadas a Saturno que es el dios que gobernó el mundo en sus primeras edades en un tiempo en que todos los hombres eran libres e iguales. Esos días todo es fiesta y alegría y los amos permiten algo de libertad a sus esclavos.




Uniendo costumbres de antaño y actuales quisiera dar buenaventuras para estas fiestas:

Quiso la fortuna que Metelo naciese en Roma, la capital del mundo; le otorgó los padres más nobles; le confirió, además, unas excepcionales cualidades espirituales y una fortaleza física capaz de soportar las fatigas; le procuró una esposa célebre por su honestidad y fecundidad; le brindó el honor del consulado y el lustre de un grandioso triunfo; le permitió ver al mismo tiempo a tres de sus hijos cónsules y a un cuarto pretor; hizo que entregara en matrimonio a sus tres hijas y acogiera en su mismo regazo a la descendencia de éstas. Tantos partos, tantas cunas, tantas togas viriles, tan gran número de teas nupciales, tantos cargos civiles y militares; en definitiva, tantos y tantos motivos de alegría; y en todo este tiempo, ningún duelo, ningún llanto, ningún motivo de tristeza. Y a este género de vida correspondió un final acorde con él: en efecto, Metelo falleció a una edad muy avanzada y de muerte natural, entre los besos y abrazos de sus seres más queridos, y fue llevado por toda la Urbe a hombros de sus hijos y yernos hasta ser depositado sobre la pira funeraria.



Para estos días os deseo no su vida, ya que es antigua y de preceptos ya superados, pero si su felicidad y su dicha pues los sentimientos son los mismos ahora que entonces; en todas las épocas se goza con el bienestar propio y con el de los que nos rodean .

Que Fortuna os favorezca.

Que los dioses Penates del hogar colmen vuestra mesa en las Saturnales.

Que Jano os ayude en los nuevos propósitos para el nuevo año.





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Fuentes: Un año en la antigua Roma de Néstor F. Marqués y Hechos y Dichos Memorables Libro VII-IX de Valerio Máximo.


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jueves, 8 de noviembre de 2018

LA RELIGIOSIDAD DE LOS ROMANOS. VIDA CORRIENTE.



No hay un solo acto en la vida privada o pública de los romanos en que no se haga intervenir a los dioses o que no necesite un rito para realizarse. «La casa de un romano era un templo para él: en ella se encuentra su culto y sus dioses. Su hogar es un dios; dioses son los muros, las puertas, el umbral; los límites que rodean su campo también son dioses. La tumba es un altar; sus antepasados son seres divinos. Cada una de sus acciones cotidianas es un rito, el día entero pertenece a su religión. Mañana y tarde invoca a su hogar, a sus Penates, a sus antepasados; al salir de casa o al volver, les dirige una oración.


Hay palabras que no se atreve a pronunciar en toda su vida. Si alguien habla de un incendio en la mesa, tirará en ella agua para evitar el mal agüero. Si cae comida, esperará a recogerla para ofrecerla a los Lares los dioses del hogar. Un romano jamás nombrara a la muerte si alguien fallece, dirá de él que estaba vivo. La noticia de una lluvia de sangre o de un buey que ha hablado le turba y le hace temblar.


Jamás sale el romano de casa sin mirar si aparece algún pájaro de mal agüero. Si tiene algún deseo, lo escribe en una tablilla, que deposita al pie de la estatua de un dios. Siempre sale de su casa con el pie derecho y si pisa el umbral antes de salir, se encerrará y no saldrá hasta el día siguiente. Si ve pasar delante de el a una liebre volverá corriendo a casa atemorizado ante el mal agüero. 


Siendo la casa de un romano un dios, al despedirse lo hacían solemnemente. Esta es la forma que tiene Lignvm o Aurelio Vitalis, el protagonista de mi libro, de despedirse de su hogar: 


—Umbral de mi casa paterna, te saludo y me despido al mismo tiempo. Hoy salgo a buscar mi futuro, hoy salgo por última vez de mis Lares. Ya no haré uso de esta morada, que me lo ha ofrecido todo. He recibido de ella alimento, cama y vestido. Por ella soy lo que soy. Estoy triste por dejar mi casa. Soy Aurelio Vitalis, hijo de Lucio; desde ahora no tenéis que cuidar de mí. Santísimo genio paterno, dioses Penates del hogar, venerable Lar familiar, os pido humildemente que guardéis los bienes y la salud de mi padre, Lucio Vitalis. Cuidad también de su esposa, Lucrecia. Yo marcho a buscar otros dioses Penates, otro venerable Lar, otro hogar en otra ciudad.
Tras despedirme de mi hogar paterno, mirando hacia la puerta me alejé durante un tiempo sin darme la vuelta. 

Autor: Ángel Portillo.
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domingo, 9 de septiembre de 2018

El cómo curaba Asclepio (o Esculapio para los romanos).


«El principio en el que se fundamentaba un Asclepieium era sencillo: el enfermo recibía en él la acción sanadora del dios durante un sueño ritual inducido en una construcción específica, el ábaton. La recuperación del peregrino dependía del cuidado que pusiese en obedecer los remedios comunicados por Asclepio. Por supuesto, llegar a esta fase demandaba algunos procedimientos y algunas salvedades previos. Para comenzar, en el santuario de Asclepio de Pérgamo se les prohibía el paso a los moribundos al borde de la muerte y a las mujeres embarazadas, en razón de que expirar en el terreno sacro constituía una ofensa a los dioses. Los peregrinos, candidatos al tratamiento inspirado directamente por el hijo de Apolo, estaban obligados a entrar en el ábaton después de una abstención a mantener relaciones sexuales, al consumo de queso y de carne de cabra, y tenían que renunciar a vestir con un chitón de color blanco (la túnica griega), portar cinturón, llevar anillos o ir calzados. Las leyes del complejo pío regimentaban la circulación formal del incubante dentro del perímetro del santuario, como se percibe en la citada Pérgamo, en la que el peregrino atravesaba un pórtico subterráneo de setenta metros de longitud antes de ser introducido en el ábaton (se sospecha que en dicho corredor recibiría las primeras recetas para su restablecimiento). […]

En el ábaton se hallaba permitido pernoctar varios días. Los peregrinos necesitados de alivio dormían en el suelo, o en jergones, asistidos por los sacerdotes y neócoros, quienes creaban un clima propicio para el sueño, atenuaban las luces de la sala y hacían compañía a aquellos aquejados de enfermedades mentales. Seguro que la iconografía estándar de Asclepio sugestionaría la «aparición» que el durmiente experimentaba durante el letargo, la de un hombre en edad madura, barbado, análogo a la imagen de Zeus/Júpiter, apoyado en un báculo con una serpiente enroscada, a veces con un perro descansando a sus pies. La serpiente, a juzgar por los testimonios iconográficos preservados, en algunos sueños lamía o mordiscaba la parte afectada del enfermo somnoliento, y así lograba que mejorase. La incubación no siempre tenía por qué funcionar, al menos instantáneamente, puesto que se daban casos en los que Asclepio decidía remediar al convaleciente sin moverse de su casa, y otras favorecer que se recobrase en el camino de vuelta. […]

El paciente solía exteriorizar su agradecimiento hacia la divinidad dedicando una inscripción, un relieve escultórico, un exvoto o una tablilla, grabados con inscripciones que pormenorizaban las curas. Destacaban las formas anatómicas, por ejemplo, riñones, piernas, manos, cabezas, ojos, de bronce, de plata, que delataban órganos y miembros recuperados. Las orejas, quizá, agradeciesen además que Asclepio hubiese prestado oídos al suplicante.»

Fuente: Viajes por el Antiguo Imperio Romano de Jorge García Sánchez.

Página Facebook: Ángel Portillo Lucas


Foto: Asclepio, ancient Roman statues in the Museo Archeologico (Naples) CC3 (Sailko).




lunes, 27 de agosto de 2018

Religiosidad del pueblo romano.

No hay un solo acto en la vida privada o pública de los romanos en que no se haga intervenir a los dioses. Fustel de Coulanges, dijo esto a propósito de la religiosidad del pueblo romano:
«La casa de un romano era para él lo que un templo para nosotros: en ella se encuentra su culto y sus dioses. Su hogar es un dios; dioses son los muros, las puertas, el umbral; los límites que rodean su campo también son dioses. La tumba es un altar; sus antepasados, seres divinos. Cada una de sus acciones cotidianas es un rito, el día entero pertenece a su religión. Mañana y tarde invoca a su hogar, a sus Penates, a sus antepasados; al salir de casa o al volver, les dirige una oración. Cada comida es un acto religioso que comparte con sus divinidades domésticas. El nacimiento, la iniciación, la imposición de la toga, el casamiento y los aniversarios de todos estos acontecimientos, son los actos solemnes de su culto.
Sale de su casa y apenas puede dar un paso sin encontrar un objeto sagrado: o es una capilla, o un lugar herido antaño por el rayo, o una tumba; tan pronto ha de concentrarse para pronunciar una oración, como ha de volver los ojos y cubrirse el rostro para evitar el espectáculo de un objeto funesto.
Todos los días sacrifica en su casa, cada mes en su curia, varias veces al año en su gens o en su tribu. Además de todos estos dioses, aún debe culto a los de la ciudad. Hace sacrificios para dar gracias a los dioses; realiza actos, y en mayor número, para calmar su cólera. Un día se muestra en una procesión danzando, según un ritmo antiguo, al son de la flauta sagrada. Otro día conduce los carros donde van las estatuas de las divinidades. Otra vez un lectis-ternium: en medio de la calle se dispone una mesa con comida; las estatuas de los dioses se reclinan en sus lechos, y cada romano pasa, se inclina, llevando una corona en la cabeza y una rama de laurel en la mano.
Hay una fiesta para la siembra; otra para la siega; otra para la poda de la vid. Antes de que el trigo haya espigado, ha hecho más de diez sacrificios e invocado a una docena de divinidades particulares para el éxito de la cosecha.
Sobre todo tiene un gran número de fiestas para los muertos, porque les tiene miedo.
Jamás sale el romano de casa sin mirar si aparece algún pájaro de mal agüero. Hay palabras que no se atreve a pronunciar en toda su vida. Si tiene algún deseo, lo escribe en una tablilla, que deposita al pie de la estatua de un dios.
A cada momento consulta a los dioses y quiere saber su voluntad. Todas sus resoluciones las encuentra en las entrañas de las víctimas, en el vuelo de los pájaros, en los avisos del rayo.
La noticia de una lluvia de sangre o de un buey que ha hablado le turba y le hace temblar; sólo quedará tranquilo cuando una ceremonia expiatoria le haya puesto en paz con los dioses.
Siempre sale de su casa con el pie derecho. Sólo se corta el pelo en plenilunio. Lleva consigo amuletos. Contra el incendio cubre los muros de su casa con inscripciones mágicas. Sabe fórmulas para evitar la enfermedad y otras para curarla; pero es necesario repetirlas veintisiete veces y escupir cada una de cierta manera.
Jamás delibera en el Senado si las víctimas no han ofrecido signos favorables. Abandona la asamblea del pueblo si ha oído el grito de un ratón. Renuncia a los proyectos más meditados si advierte un mal presagio o si una palabra funesta hiere sus oídos. Es valiente en el combate, pero a condición de que los auspicios le aseguren la victoria».

Fuente: Diccionario de la Religión Romana de José Contreras Valverde, Gracia Ramos Acebes y Inés Rico Rico.
Foto: Lararium Pompeji Detail, Creative Commons 3 (Claus Ableiter).