Mostrando entradas con la etiqueta Lignum. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Lignum. Mostrar todas las entradas

martes, 30 de abril de 2019

ARTÍCULO SOBRE LIGNVM EN EL DIARI DE TARRAGONA, EDICIÓN TIERRAS DEL EBRO.

Ángel Portillo presenta ‘Lignum’, una trilogía sobre la antigua Roma.
Es el primer volumen de la serie sobre la vida de Aurelio Vitalis, en el Imperio de Ulpio Trajano.

Diari de Tarragona, Artículo LIGNVM

(Traducción al Castellano)
Ángel Portillo inicia la trilogía sobre la vida de Aurelio Vitalis el primer año del Imperio de Ulpio Trajano. El joven Vitalis explica en primera persona cómo ve la vida, mientras intenta salir adelante como miembro de la corporación de transportistas de mercancías (carrucarii), pero la vida lo lleva a un destino totalmente inesperado para él. Lignum es un olvidado, un ser insignificante del cual nunca hablarán los libros de historia», apunta Ángel Portillo. 

Foto 1


Aurelio intenta sobrevivir en una ciudad, capital de un imperio, que lo ignora: los poderosos lo oprimirán, lo explotarán y lo engañarán. La violencia, el hambre y la enfermedad son el pan nuestro de cada día. Nacido en Roma, pero en una pobre casa plebeya donde abundan la necesidad y la falta de esperanza. Ante este panorama, con 18 años, emprende un largo viaje hacia la supervivencia, como transportista de mercancías y legionario, acabando en el campamento de Novae, en la actual Bulgaria. Durante este periplo conoce a Tibaste, un íbero del Castellet de Banyoles (Tivissa), los dos nos hacen reflexionar sobre sus visiones divergentes del mundo y de la vida.


El libro incorpora varias fábulas que contribuyen a situar al lector en el contexto en el que se mueven los personajes de la novela. Para lo cual, Portillo ha necesitado dos años de documentación, «sobre todo he consultado las fábulas de Esopo, Fedro y Aviano. También planos de la antigua Roma, libros sobre la vida social y militar romana, etc. Me han sido muy útiles las investigaciones de la Universidad de Varsovia sobre las excavaciones en Novae».

El segundo volumen de la trilogía (Lignum en Tapae) sobre la vida del soldado en las guerras Dacias se publicará en septiembre. El último todavía no tiene fecha de edición, pero sí título: Lignum en Roma, donde narrará la vuelta a Roma y tomará mucha importancia la antigua Ilercavonia.

Lignum ya se ha presentado en Tortosa y en Sant Carles de la Ràpita, están por concretar presentaciones en Flix (donde Portillo ha sido profesor del instituto) y en Sagunto en septiembre. La afición por el mundo romano de este profesor de instalaciones electrotécnicas y tecnología del Instituto del Ebro de Tortosa, le viene por la contemplación del mar Mediterráneo, ahora desde Sant Carles de la Ràpita, donde reside, y antes en Badalona, donde vivió su infancia y juventud. «Mirando al Mediterráneo te das cuenta que todavía somos romanos, es el mar de las culturas», afirma. Un lugar que también lo ha marcado es el Museo de Badalona, situado sobre las ruinas de la antigua ciudad romana de Baetulo. 


Ángel Portillo forma parte, entre otras propuestas, del grupo de reconstrucción y recreación histórica romana Barcino Oriens.


_____

Versió en Català.

Ángel Portillo presenta ‘Lignum’, una trilogia sobre l’antiga Roma
És el primer volum de la sèrie sobre la vida d‘Aurelio Vitalis, a l’Imperi d’Ulpi Trajà.



Ángel Portillo inicia la trilogia sobre la vida d’Aurelio Vitalis el primer any de l’Imperi d’Ulpi Trajà. El jove Vitalis explica en primera persona com veu la vida, mentre intenta tirar endavant com a membre de la corporació de transportistes de mercaderies (carrucarii), però la vida el porta a una destinació totalment inesperada per a ell. «Lignum és un oblidat, un esser insignificant del qual mai parlaran els llibres d’història», apunta Ángel Portillo.


Foto 2

 Aurelio intenta sobreviure en una ciutat, capital d’un imperi, que l’ignora: els poderosos l’oprimiran, l’explotaran i l’enganyaran. La violència, la fam i la malaltia són el pa nostre de cada dia. Nascut a Roma, però en una pobra casa plebea on abunden la necessitat i la falta d’esperança. Davant aquest panorama, amb 18 anys, emprèn un llarg viatge cap a la supervivència, com a transportista de mercaderies i legionari, acabant en el campament de Novae, a l’actual Bulgària. Durant aquest periple coneix Tibast, un iber del Castellet de Banyoles (Tivissa), tots dos ens fan reflexionar sobre les seues visions divergents del món i de la vida.

El llibre incorpora diverses faules que contribueixen a situar el lector en el context en què es mouen els personatges de la novel·la. Per a això, Portillo ha necessitat dos anys de documentació, «sobretot he consultat les faules d’Isop, Fedro i Aviano. També plànols de l’antiga Roma, llibres sobre la vida social i militar romana, etc. M’han estat molt útils les investigacions de la Universitat de Varsòvia sobre les excavacions a Novae».

El segon volum de la trilogia (Lignum en Tapae) sobre la vida de soldat a les guerres de Dàcia es publicarà al setembre. L’últim encara no té data d’edició, però sí títol Lignum en Roma, on narrarà la tornada a Roma i prendrà molta importància l’antiga Ilercavònia.
Lignum ja s’ha presentat a Tortosa i la Ràpita, estan per concretar les presentacions a Flix (on Portillo ha estat professor de l’institut) i a Sagunt el setembre. L’afició pel món romà d’aquest professor d’instal·lacions electrotècniques i tecnología a l’Institut de l’Ebre de Tortosa, li ve per la contemplació del mar Mediterrani, ara des de Sant Carles de la Ràpita, on resideix, i abans a Badalona, on va viure la seva infància i joventut. «Mirant la Mediterrània t’adones que encara som romans, és la mar de les cultures», afirma. Un lloc que també l’ha marcat és el Museu de Badalona, situat sobre les ruïnes de l’antiga ciutat romana de Baetulo. 

Àngel Portillo forma part, entre d’altres propostes, del grup de reconstrucció i recreació històrica romana Barcino Oriens.

jueves, 20 de diciembre de 2018

PRESENTACIÓN DE LIGNVM (Tortosa 19/12/18), fragmento.









¿Por qué escribir? Primeros minutos de la presentación de LIGNVM. En este fragmento explico lo que me motivó a escribir la Vida de Aurelio.
1ª parte: LIGNVM, ya publicado.
2ª parte: LIGNVM en Tapae, En fase de corrección.

3ª Parte: LIGNVM en Roma. En las primeras etapas.

viernes, 2 de noviembre de 2018

Colegios de carrucarii en las puertas de Roma - VIDA CORRIENTE

Hola amigos de Roma. Hola amigos del mediterráneo: para muchos el mar de las culturas. 
Hoy quiero explicaros el comportamiento de los colegios o corporaciones en las puertas de Roma. Recordemos que el tráfico rodado estaba prohibido en la Urbe durante las horas diurnas, así que a la hora décima, cuando empezaba a anochecer, la actividad era frenética.
En una puerta cualquiera de Roma como la Capena, la Salutaris, la Esquilina, o la Viminalis podías encontrar colegios o corporaciones de profesionales como por ejemplo: los cisiarii equivalentes a nuestros taxistas; los portadores de lecticae, literas; los iumentarii, que alquilaban mulas o bueyes, o los carrucarii, transportistas de mercancía, entre otros. 
En todas las puertas cada uno de estos colegios vigilaba que no hubiera intrusismo profesional; a nadie se le permitía ejercer una actividad sin su consentimiento. Si alguien requería un servicio, tenía que contactar con ellos, para lo que se empleaban todos los recursos necesarios, desde hablar educadamente hasta intimidar o utilizar la violencia física. 
Aurelio Vitalis, el protagonista de mi libro lignum, justifica así el uso de esta violencia en su corporación, en este caso de carrucarii (transportistas de mercancías):

«Mi progenitor me había explicado en varias ocasiones la fábula de los cuatro novillos y el león. El gran depredador tenía hambre y veía las abundantes carnes de los rumiantes, pero como estos eran muy amigos y andaban siempre juntos, no podía atacarlos. La naturaleza le había dado fuerza para matar a cada novillo, pero juntos uno al lado del otro era imposible acabar con ellos: la suma de los cuatro era superior a la fiereza del carnívoro. El león empezó a hablarles sugiriendo que los otros siempre comían los mejores pastos. Los infelices novillos empezaron a desconfiar y decidieron ir cada uno a buscar su hierba fresca por diferentes caminos. Al final, el inteligente león los acabó devorando a todos uno por uno.

Era consciente de que los trabajadores del transporte de mercancías y todos sus familiares nos teníamos que apoyar entre nosotros. En caso contrario, seríamos devorados por las bestias. Sabía que la violencia era parte de la vida. Era consciente de que era cotidiana en las actividades de los hombres: la ejercía el rico contra el pobre, el poderoso contra el pueblo y el pueblo contra el poderoso, el amo la aplicaba con su esclavo y el fuerte la usaba para someter al débil. En ciertas ocasiones, en la sociedad romana, que era la mejor de todas, aparecían conflictos, rupturas y tensiones. Cuando se rompía el orden, toda la ciudad estallaba y se producían disturbios, muertes y violaciones. Esto era así desde el principio de los tiempos y seguiría así hasta el final.»

Ya me diréis que opináis sobre lo que dice Aurelio.

Hasta otro vídeo, amigos del Mediterráneo.

Texto y video. Ángel Portillo

jueves, 18 de octubre de 2018

Una taberna de la colina del Viminal.


“Hecha la aclaración, me marché por fin a la taberna del Viminal. Bajé de la colina y casi sin pisar el foro Imperial busqué las Fauces Suburae. Acababa de estar en la plaza Capitolina entre patricios y ecuestres, y ahora pisaba las Fauces, donde vivían las personas del escalafón inferior de Roma, gente maleducada que derrochaba agresividad y se revolcaba entre la mugre pestilente de orines y excrementos. Para cualquiera que no fuera de la ciudad era mejor no abandonar la Subura Maior, la vía principal del lujoso barrio. Enfilé la calle hasta encontrar el cruce con la calle Patricius. Mi destino quedaba cerca, en una bocacalle al poco de ascender por la cuesta.

Los clientes de la taberna eran todos de pocos recursos. Había braceros sin trabajo, libertos e incluso esclavos. No se cambiaban de ropa habitualmente; no les gustaba mucho asearse, y mucho menos bañarse. La taberna no era muy grande; solo tenía, como la mayoría, una puerta al exterior y una ventana encima, por lo que en su interior se mezclaban los aromas de la distinguida clientela. Lo extraño es que la nariz se hace a todo. 

La oferta no era muy variada: pan, queso, aceitunas, piezas de fruta de temporada y pescado frito. También vino de baja calidad y alta graduación, vino con miel y posca. Los precios eran asequibles, por lo que estaba casi siempre llena. El liberto que atendía el local preparaba una variedad de posca en ese momento. Mezcló el vino agrio con vinagre, un poco de miel y coriandro, puso el brebaje a cocer y lo dejó enfriar para servirlo luego a los selectos clientes, entre los que me encontraba.

El local estaba dividido en dos espacios, separados estos por un gran arco. En la primera zona, la más grande, que quedaba más cerca de la entrada, había mesas con cuatro pequeños taburetes de asiento redondo. El paso a la zona interior estaba limitado por un mostrador con dos grandes recipientes circulares de terracota cubiertos con tapas de madera para conservar así su contenido. No sé qué podrían guardar dentro. Se ofrecía comida no elaborada que no requería tal conservación. A izquierda, estaba el horno para hacer el pan. Al fondo, había una estantería con tres niveles para poner las ánforas que contenían la bebida que se servía en el lujoso establecimiento. A la derecha, compartían espacio otra mesa y el acceso a la planta superior, donde sin duda viviría el liberto tabernero. Las paredes laterales estaban repletas de estantes en los que se distribuían, sin ningún orden aparente, utensilios, vasos, platos, pequeños tarros y variadas bandejas de quesos y pan. En la zona central, en el suelo, estaba el hornillo en el que se preparaba la posca.

Mi preferencia por esta taberna se debía a que muchos de los hombres que se dedicaban a los transportes vivían en las proximidades, en las colinas del Viminal y del Esquilino. Muchos eran miembros de la corporación de transportistas de padre y controlaban con exclusividad varias puertas como la Esquilina, la Viminalis, la Collina, la Querquetulana, la Quirinalis y la Salutaris. No pocas veces había encontrado trabajos hablando con los asiduos a este local.”

Fuente: LIGNVM de Ángel Portillo.

Página FaceBook: Ángel Portillo Lucas.


Foto: Interior of an Ancient Roman bar, Ostia Antica, Creative Commons 2,5 Marie-Lan Nguyen


miércoles, 15 de agosto de 2018

Lignum – Ángel Portillo. Capítulo I – La Urbe. (Fragmento)

Lignum – Ángel Portillo (próximamente, este otoño)
Capítulo I – La Urbe. (Fragmento)
[…..]
En el foro Boriano no pude evitar visitar el templo de Hércules, una estructura circular rodeada por veinte columnas de mármol traído del norte de Italia, con su tejado en forma de cono no muy puntiagudo. Me maravillé de nuevo con la espléndida estatua de su interior hecha de bronce dorado que representaba al héroe totalmente desnudo marcando sus poderosos músculos. En su mano derecha portaba la maza, con la que, según la tradición, el glorioso semidiós mató a un gigante bandido que causaba pánico entre las buenas gentes de estas tierras.
Según cuenta la leyenda, el héroe, durante uno de sus viajes, decidió hacer un descanso aquí cerca, en el Aventino, una de las colinas de Roma. Antes de dormir, dejó las reses que cuidaba pastando en la fresca hierba que había a su alrededor. Caco, el ladrón, las encontró y decidió quedarse con algunas de ellas. Las arrastró por la cola para que las huellas indicaran que los animales se alejaban de la cueva; creyó que Hércules seguiría la falsa pista y se alejaría de allí. Al despertar, reunió su ganado y enseguida se dio cuenta de que le faltaban animales. Vio las huellas que se alejaban, pero no se fio y decidió buscarlas por la zona.
Encontró al gigante Caco en la entrada de la cueva y le preguntó si había visto las reses que le faltaban. El ladrón afirmó por varios dioses no haberlas visto. Hércules, que sospechaba, pidió entrar para comprobarlo, a lo que el malhechor se negó. El audaz semidiós condujo al ganado cerca de la cueva. Las reses cautivas, cuando olieron a sus compañeras, empezaron a mugir. Descubierto el engaño, Caco empezó a pelear con Hércules, que con la maza dio muerte al indeseable y también destruyó la cueva para evitar que otros bandidos la pudieran utilizar. Para recordar esta hazaña hizo levantar un altar en la zona donde más tarde se construiría el foro Boriano.
Al igual que yo, todos los niños de Roma querían ser fuertes como Hércules. Soñábamos en tener sus músculos, en hacer sus hazañas. Todos intentábamos mover piedras imposibles y todos creímos alguna vez haberlo hecho. Envidiaba los fuertes músculos de sus brazos, su abdomen y sus piernas. Hubiera dado parte de mis años por vivir sus aventuras, por tener la fuerza que tenía el héroe legendario o por hacer sus doce trabajos. Lo hubiera dado todo por haber matado al león de Nemea o a la hidra de Lerna. Imaginaba capturar al jabalí de Erimanto o al toro de Creta. Todo eso eran cosas de niño, cosas de la infancia, pero aún admiraba al ser que representaba la estatua.
[…..]
Foto: Templo de Hércules Victor en el foro Boriano


lunes, 18 de junio de 2018

LIGNVM - Ángel Portillo. Capítulo XIV – Recluta Lignum (Fragmento)

<< Con el último ejercicio nuestro optio consiguió que le llegara a desear en más de una ocasión lo que le pasó a Prometeo, que encadenado por el dios del fuego y de las fraguas en una de las más altas montañas, cada día un águila le comía el hígado, y al ser héroe inmortal, el órgano le crecía, así que cada día el tenaz depredador volvía a comérselo en un tormento eterno. En esta última prueba se incorporó toda la Legio I Italica. Marchamos todos con el equipo individual de cada legionario. A cada contubernium se añadieron dos sirvientes que portaban las dos mulas con el resto del equipo que no cargábamos los legionarios, como la cocina de campaña, las tiendas, las estacas para las murallas o el molino portátil para el trigo, entre otras cosas. El ejercicio consistía en simular un día de marcha con el desplazamiento de toda la Legio. Por ese motivo, después de hacer los treinta kilómetros en cinco horas nos pusimos a cavar zanjas y a amontonar tierra para construir una fortaleza provisional. Tuvimos que ir a los bosques a por troncos, al río cercano a por agua, hacer partidas de caza y, cómo no, hacer patrullas de vigilancia por la zona. Después, montada ya la fortaleza, nos tuvimos que hacer la cena. Cuando dábamos el último bocado a la comida que ni tan siquiera quería entrar a nuestro estómago, se nos asignaron nuevas ocupaciones, seguramente para que no nos aburriéramos. Tuve la suerte de hacer guardia en una de las torres durante la primera vigilia. Después de eso, con las pocas fuerzas que me quedaban me dirigí a mi tienda a dormir. No recuerdo cómo me quité la armadura ni cómo me tumbé encima de mi manta. Solo recuerdo que todo mi ser quería asesinar al optio y al centurión. Mi ser tenía ganas de hacerlo, pero mi cuerpo no podía más, así que me entregué al sueño. >>