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viernes, 15 de febrero de 2019

VIDA MILITAR: ENTRENAMIENTO DE LOS JÓVENES RECLUTAS.


USO DEL ESCUDO (SCUTUM) ESPADA CORTA (GLADIUS) Y DEL PALO.

«Estamos informados por los escritos de los antiguos que entre sus otros ejercicios se contaban los de guarnición. Daban a sus reclutas escudos trenzados de sauce, el doble de pesados de los que solían emplear en el servicio real, y espadas de madera del doble de peso que las normales. Se ejercitaban con ellos en el palo tanto por la mañana como por la tarde.»

Parece ser que estos ejercicios fueron introducidos por Cayo Mario cuando reformo el ejército. Era una técnica que utilizaban los gladiadores y con la cual lograban mucha destreza en el uso de las armas, tanto defensivas como ofensivas. Los instructores tenían el convencimiento de que ningún recluta que no tuviera habilidad en estos ejercicios sería útil en batalla contra un hipotético enemigo. De esa manera los hombres se entrenaban con estos elementos (recordemos que el doble de pesados que las armas oficiales) y con un palo de la envergadura de un hombre. Apuntaba y daba golpes a la altura de la cabeza, a la del estómago o a los lados o intentando simular el cortar los tendones de las piernas o muslos. Se les instruía también en avanzar y retirarse, a encontrar el momento perfecto para el combate cuerpo a cuerpo y a no abrir la guardia antes de tiempo.


Foto 1



NO CORTAR, SINO DAR ESTOCADAS CON LA ESPADA.

«Se les enseñaba, igualmente, a no cortar, sino dar estocadas con sus espadas. […] Un ataque con los filos, aún los hechos con mucha fuerza, raramente mata, pues las partes vitales del cuerpo están defendidas tanto por los huesos como por la armadura. Por el contrario, una estocada, con que penetre dos pulgadas, es generalmente fatal.»

Este fue el método con el que luchaban principalmente los romanos y ese era el motivo de la elección del gladius: un arma corta de unos 60cm, que si bien tenía doble filo, su verdadero peligro estaba en su bien afilada punta. Añadir a eso que si se da una estocada se evita levantar en demasía el brazo del arma y no se expone el lado derecho. La estocada es mucho más rápida de realizar que un corte y la exposición al peligro mucho menor, pudiendo retirar la mano tras el escudo con mucha rapidez. Para entrenar este movimiento a los reclutas se les entrenaba con la anterior citada espada de madera de doble peso, cuando lo hacían con el gladius reglamentario la velocidad del movimiento se incrementaba. 




Foto 2





EL USO DE ARMAS ARROJADIZAS.

«Junto al antedicho ejercicio de los reclutas en el poste, se les proporciona jabalinas de más peso que las normales, con las que son enseñados a arrojarlas al mismo poste.»

Parece ser que los legionarios disponían de dos jabalinas (pila, pilum en singular) que arrojaban contra el enemigo cuando este se lanzaba a la carga. Uno era pesado y de alcance corto y el otro algo más ligero y con algo más de alcance (30 o 40m). Los maestros de armas utilizaban de nuevo una jabalina del doble del peso para fortalecer el brazo y convertir al soldado en un buen tirador.

EL USO DEL ARCO.

«Un tercio o un cuarto de los soldados más jóvenes y capaces deben también ejercitarse en el poste con arcos y flechas construidos expresamente con este propósito. »

Se pretendía enseñar también a los hombres a coger el arco en la posición adecuada, a tensarlo con firmeza y fuerza para mantenerlo estable, a tirar acertadamente dejando ir los dedos de la mano derecha y a dirigir su atención a su objetivo. Para eso se necesitaba mucha dedicación, ejercicio diario y práctica. Escipión el africano expone que el uso de estas unidades le ayudó a acabar con los numantinos, los cuales habían derrotado siempre a las legiones romanas.

LA HONDA.

«Se debe instruir a los reclutas en el arte del lanzamiento de piedras tanto a mano como con honda. Se dice que los habitantes de las islas Baleares han sido los inventores de la honda, y que su sorprendente destreza en el manejo la debían a la forma de enseñar a sus niños. Sus madres no les permitían coger su comida si antes no la habían derribado con sus hondas.»

A pesar de la armadura defensiva las piedras lanzadas por las hondas mataban a más hombres que las flechas. Estas matan sin lacerar el cuerpo y solo la contusión ya podía ser mortal. Estas armas eran especialmente efectivas cuando se lucha en poblaciones, se defendía una posición o se rechazaba a un enemigo desde una posición defensiva.

ENSEÑAR EQUITACIÓN.

«Los antiguos obligaban estrictamente, tanto a los veteranos como a los reclutas, a la práctica constante de la equitación.»

Los legionarios tenían que ser diestros también en montar a caballo. Con este propósito disponían de caballos de madera. A los jóvenes soldados se les enseñaba a saltar sobre ellos, al principio sin armas y luego completamente armados. Tenían que aprender a montar con las espadas empuñadas o con lanzas en las manos.

LLEVAR CARGAS.

«Acostumbrar a los soldados a llevar cargas es también parte esencial de la disciplina. A los reclutas, en particular, se les debe obligar frecuentemente a llevar un peso de no menos de sesenta libras (casi 20Kg) y marchar con ellos en las filas.»

Ese era el motivo por el cual las legiones romanas del alto Imperio fueran llamadas las mulas de Mario. El llevar esta carga hacía que las legiones se desplazaran con más rapidez. Además, en las expediciones de guerra, a menudo se hallaban en la necesidad de llevar sus provisiones y sus armas. Con este entrenamiento se les hacía todo más fácil. Los mandos daban mucha importancia a esto y lo entrenaban sin discontinuidad.

domingo, 30 de diciembre de 2018

VIDA MILITAR: CRUCES DE RÍOS.


El paso de ríos es muy peligroso si se hace sin gran cuidado. Al cruzar corrientes rápidas o anchas, los equipajes, sirvientes y a veces hasta los soldados más incautos están en riesgo de perderse. Habiendo primero sondeado el vado, se deben montar dos líneas de la mejor caballería, alineadas a una distancia adecuada hasta abarcar toda la anchura del río, para que la infantería y los equipajes pasen entre ellos. La línea superior del vado rompe la fuerza de la corriente y la línea inferior recupera y transporta a los hombres arrastrados por la corriente. Cuando el río es demasiado profundo para ser vadeado tanto por la caballería como por la infantería, y corre por un lugar llano, se le puede desaguar con gran número de acequias, y pasarlo así con facilidad.

Pintura en tela del arquitecto John Soane. Puente de Julio Cesar sobre el Rin (dominio público).  

Los ríos navegables se pasan colocando pilones fijados al fondo y situando sobre ellos tablones; o si ocurre algún imprevisto, se juntan rápidamente cubas vacías y se las cubre con tablones. La caballería, quitándose su impedimenta, hace pequeños flotadores con ramas secas sobre las que pueden colocar sus armas y corazas para preservarlas de la humedad. Ellos mismos llevan a nado sus caballos para cruzar el río y arrastran los flotadores tras ellos con una correa de cuero.


Pero el invento más cómodo es el de los pequeños botes hechos de una sola pieza y muy ligeras tanto por su construcción como por la calidad de la madera. El ejército siempre tiene cierto número de tales botes sobre carros, junto con una cantidad bastante de planchas y clavos de hierro. Así, con la ayuda de cables para atar los botes entre sí, se construye instantáneamente un puente, que temporalmente tiene la solidez de uno de piedra.



Cruce del Danubio por Tetio Juliano año 88 d.C. Izquierda construcción de un puente de barcazas. Derecha cruce del río por parte de Trajano 101d.C. Autor Peter Connolly



Como el enemigo generalmente se esfuerza en caer sobre un ejército cuando está pasando un río, por sorpresa o en emboscada, es necesario asegurar ambos flancos colocando destacamentos para que las tropas no sean atacadas y derrotadas mientras están separadas por la corriente del río. Pero es aún más seguro poner empalizadas en ambos extremos, pues os permitirán sostener cualquier ataque sin muchas pérdidas. Si se quiere mantener el puente, no sólo para este transporte sino para la vuelta y para las expediciones de avituallamiento, será conveniente excavar fosos para cubrir cada cabeza del puente, y guarnecerlas con un número suficiente de hombres que las defiendan tanto tiempo como lo requieran las circunstancias.


Fuente: Arrecaballo


Cómo ve esta maniobra Aurelio Vitalis, el protagonista de mi libro LIGNVM, cuando se ve en la obligación de cruzar el río Dermen (afluente del Danubio) durante unas maniobras: 

“No faltaron las desgracias. En una ocasión en la que vadeábamos un afluente del Danuvius, perdimos a dos reclutas. Las cuatro centurias, con todo el equipo encima, teníamos que pasar por una parte del río en la que el agua nos llegaba muy por encima de la cintura. La corriente era fuerte, así que para ayudarnos toda una turma de caballería se puso río arriba con la intención de que la envergadura de los caballos detuviese un poco la fuerza de la bajada del agua. También nos apoyaba otra turma río abajo, al parecer solo para recoger los pertrechos que se perdiesen aguas abajo, pero después descubrí que estos jinetes tenían más de un objetivo.

Primero entraron los caballos de la I Turma, el decurión en primera posición y los treinta hombres justo detrás, en quince parejas de dos jinetes. La caballería paró con el duplicarius, el segundo al mando de la turma, en este lado, y el decurión, en la otra orilla. Los treinta caballos que había dentro del río pararon en zigzag intentando ocupar todo el ancho del caudal. La II Turma obró de igual forma aguas abajo. Con un sonido largo del cornu se dio la orden de marcha a la infantería pesada. Todos avanzábamos intentando apoyar bien un pie antes de levantar el otro. Al ir progresando notaba que algo tocaba mis piernas; quién sabe si pequeñas piedras, algas o peces; incluso a veces notaba que el pie se hundía en el lodo. Una mano la necesitábamos para cargar la parte del equipo que no podíamos llevar sobre nuestro cuerpo; con la otra nos apoyábamos en el hombro del legionario que teníamos delante. Aun así, de vez en cuando alguien perdía el equilibrio y al caer las aguas lo arrastraban. Los jinetes río abajo eran, por ello, nuestra última esperanza. Aunque el agua se llevó a varios hombres, dos de los reclutas perdieron toda oportunidad de salvarse y desaparecieron. Solo les quedaba la esperanza de que una de las Náyades se enamorara y se apiadara de ellos, pero estas eran caprichosas y tanto los podían favorecer como castigar; daban amor, salud y felicidad o ajusticiaban por tocar las aguas que para ellas eran sagradas. Parece ser que esta vez no intervinieron, y solo el dios del río sabe lo que pasó con ellos.”


domingo, 4 de noviembre de 2018

VIDA MILITAR, La mitad de los ingresos del soldado se deben depositar en el sitio de las banderas (sacellum)

Según parece los legionarios en la época de Ulpio Trajano recibían una paga de 1200 sestercios al año. Teniendo en cuenta que eran de los pocos de entre los pobres que tenían ingresos fijos eran sin duda privilegiados. Un trabajador normal, de la construcción por ejemplo, cobraba por día trabajado. El año tenía, como ahora, días festivos que había que descontar. Néstor F. Marqués en su obra UN AÑO EN LA ANTIGUA ROMA nos dice que los días laborables serían unos 220. Añadir, o mejor dicho restar a estos, los días en los que las condiciones climatológicas no permitían trabajar.

Así que como se ha dicho los legionarios tenían una buena posición con respecto a los demás pues cobraban siempre indiferentemente del clima imperante y los días hábiles que hubiera. Además estos también tenían otras muchas fuentes de ingresos, sirvan como ejemplo: las primas por los botines en batalla; la venta de enemigos como esclavos; el pillaje y los saqueos; la venta de armas de los rivales muertos en batalla, y las donaciones de los nuevos emperadores. Según Vegencio de todos estos ingresos obligaban a los milites a guardar la mitad:

«Las disposiciones de los antiguos que obligaban a los soldados a depositar la mitad de los donativos que recibían bajo las enseñas era sabia y juiciosa; la intención era preservarlos para que no fueran gastados en lujos ni gastos semejantes. La mayoría de los hombres, particularmente los de la clase más pobre, pronto gastan todo cuanto obtienen. Una reserva de esta clase, así pues, resulta evidentemente del mayor servicio a los propios soldados; ya que son mantenidos a expensas públicas, su ahorro, por este método, se incrementará continuamente.»

Esta disposición en verdad tenía el objetivo de evitar que los hombres lapidasen todo su dinero. Asimismo, en el texto se puede ver el trato paternalista con respecto a los soldados pobres. El párrafo se podría resumir en: los comandantes han de cuidar por el mayor servicio de la milicia pues ellos son incapaces de hacerlo. En el ejército romano no se daba puntada sin hilo, esta disposición perseguía también otro objetivo. En el ánimo de los oficiales está siempre el miedo a la deserción. Si un soldado abandonaba el ejército perdía su dinero. Esto era un buen aliciente para mantener en filas a los hombres:

«El soldado que sabe que su fortuna está depositada bajo sus insignias no tiene pensamientos de desertar, concibe la mayor afición por ellas y lucha con la mayor intrepidez en su defensa. Se mantiene así, también, por su interés, que es lo que más cuidan los hombres.»

Vegelio en su Epitoma Institutorum Rei Militaris, Libro II – XX, también nos explica cómo y quién se encargaba de gestionar y guardar estas cantidades de dinero:

«El dinero se depositaba en diez bolsas, una por cada cohorte. Había una undécima bolsa con las pequeñas contribuciones de toda la legión, como un fondo común para subvenir a los gastos de enterramiento de cualquiera de sus camaradas. Estos ahorros se guardaban en cestas bajo la custodia de los Signiferos, escogidos por su integridad y capacidad, para hacerles cargo de los depósitos y que dieran cuenta a cada uno de lo que le tocaba.»


Como reflexión última y personal no puedo más que pensar que quizás esa era la causa por la que los legionarios defendían con tal afán todos sus símbolos. Sin menospreciar motivos religiosos o valores como el honor y la lealtad, quién más que el portador del signum sabía el nivel de su riqueza.

Autor: Ángel Portillo.
Fuente: Recopilación sobre las instituciones militares de Flavio Vegecio Renato.
Página FaceBook: Ángel Portillo · Lignum En Roma ·
Blog: Lignum en Roma.
Foto: Sestercio de Marco Aurelio. Museo de Prehistoria de Valencia, Creative Communs 2.0 by Dorieo.




viernes, 5 de octubre de 2018

Epitoma Institutorum Rei Militaris de Flavio Vegecio renato


II La selección de los reclutas.
Para tratar nuestra materia con algún método, deberíamos antes examinar qué provincias o naciones van a preferirse para proveer de reclutas a los ejércitos. Es cierto que cada país produce tanto hombres valientes como cobardes; pero es igualmente cierto que algunas naciones son naturalmente más aguerridas que otras y que el valor, así como la fortaleza de cuerpo, dependen grandemente de la influencia de los distintos climas.

III Qué procedencia es mejor para los reclutas: la ciudad o el campo.

Examinaremos a continuación si la ciudad o el campo producen los mejores y más capaces soldados. Nadie, imagino, puede dudar que los campesinos son los más capacitados para empuñar las armas pues desde su infancia han estado expuestos a toda clase de climas y criados para el trabajo más duro. Son capaces de soportar el mayor calor, desconocen el uso de baños y les son extraños otros lujos de la vida. Son sencillos, se contentan con poco, están acostumbrados a toda clase de fatigas y preparados, en cierta medida, para la vida militar por su continuo empleo en labores agrícolas, en manejar la azada, cavando zanjas y llevando cargas, soportando el Sol y el polvo. Sus comidas suelen ser rústicas y moderadas; deben estar acostumbrados a descansar ora al aire libre, ora en tiendas. Tras esto, deben ser instruidos en el uso de sus armas. Si se planea alguna larga expedición, debería acampárseles tan lejos como se pueda de las tentaciones de la ciudad. Con estas prevenciones, sus mentes y sus cuerpos serán adecuadamente adiestradas para el servicio.

Me doy cuenta de que en las primeras épocas de la República, los romanos siempre levantaron sus ejércitos en la misma ciudad, pero esto sucedía en una época donde no había placeres ni lujos que les enervaran. El Tíber era, entonces, su único baño y en él se refrescaban, nadando, tras sus ejercicios y sus trabajos en el campo. En aquellos días, el mismo hombre era soldado y granjero, pero un granjero que, llegada la ocasión, dejaba a un lado sus herramientas y empuñaba la espada. La veracidad de esto se confirma con el ejemplo de Quintius Cincinnatus, que estaba arando cuando llegaron a ofrecerle la Dictadura. La fortaleza principal de nuestros ejércitos, así, debe ser reclutada del campo. Pues es cierto que cuanto menos familiarizado está un hombre con los placeres de la vida, menos motivos tiene para temer la muerte.

IIII La edad adecuada de los reclutas.

Si seguimos la costumbre antigua, el momento adecuado para alistar a un joven es a su llegada a la pubertad. En este momento, las prácticas de toda clase son más rápidamente asimiladas y más profundamente impresas en la mente. Además de esto, los ejercicios militares de correr y saltar deben ser adquiridos antes de que los miembros estén demasiado castigados por la edad. Así, tal actividad, acrecentada por la práctica continua, moldea el mejor y más útil soldado. Antiguamente, dice Salustio, la juventud romana, tan pronto como alcanzaban la edad de portar armas, era entrenada del modo más estricto en sus campamentos en todos los ejercicios y fatigas de la guerra. Así es ciertamente mejor que un soldado, perfectamente disciplinado, se queje de no haber llegado aún a la edad apropiada para el combate a padecer la mortificación de saber que ya ha pasado. Es necesario un tiempo suficiente para su instrucción en los distintos aspectos del servicio. No es cosa fácil entrenar la caballería o el arquero de infantería, o instruir al legionario en cada parte del orden cerrado, enseñarle a no abandonar su puesto, mantener las filas, apuntar y lanzar sus armas arrojadizas, y cómo detener un ataque con destreza. Un soldado, tan perfecto en sus cometidos, lejos de mostrar torpeza en el enfrentamiento, estará ansioso de tener una oportunidad de señalarse.

V Su tamaño.

Vemos que los antiguos procuraban disponer de los hombres más altos para el servicio, pues la estatura normal para la caballería de las alas y las primeras cohortes legionarias fue fijada en un metro y setenta y siete centímetros, o al menos en un metro y setenta y dos centímetros. Tales medidas podían ser mantenidas en aquella época cuando tantos seguían la profesión de las armas y era costumbre de la flor de la juventud romana antes de dedicarse al servicio civil del Estado. Pero cuando la necesidad lo imponía, la altura de un hombre no era mirada tanto como su fortaleza; y como ejemplo de ello tenemos la autoridad de Homero, quien nos cuenta que la deficiencia en estatura de Tideo estaba ampliamente compensada por su vigor y coraje.

VI Signos de cualidades deseables.

Aquellos que se dedican a supervisar las nuevas levas deberían ser particularmente cuidadosos en examinar sus caras, sus ojos y la constitución de sus miembros, para poder hacerse un juicio veraz y elegir a los más a propósito para ser buenos soldados. La experiencia nos demuestra que hay en los hombres, como en los perros y los caballos, signos evidentes por los que descubrir sus virtudes. Los soldados jóvenes, así pues, deben tener una mirada despierta, llevar la cabeza erguida, su pecho debe ser ancho, sus hombros musculosos y fuertes, sus dedos largos, sus brazos fuertes, su cintura pequeña, sus piernas y pies tan nervudos como flexibles. Cuando tales señas se encuentran en un recluta, una estatura pequeña puede dispensarse, pues resulta mucho más importante que un soldado sea fuerte antes que alto.


Fuente: Epitoma Institutorum Rei Militaris de Flavio Vegecio renato (Libro I, de II a VI).

Página FaceBook: Ángel Portillo Lucas.


Foto: Roman soldier in lorica segmentata, Creative Commons 1,2 by MatthiasKabel.


lunes, 1 de octubre de 2018

La Legio II Traiana fortis.


"Aquesta legió i XXX Ulpia Victrix van ser fundades en 105 per l'emperador Trajà, cal notar que estava lliurant una guerra en Dacia (la moderna Romania) i necessitava reforços. Després de l'annexió de Dacia, la legió va ser transferida, però no sabem en quin lloc. Una possible conjectura és que va ser enviada a l'est, on Trajà va annexionar Aràbia Petraea al 106. És possible que II Traiana Fortis fos la primera guarnició de la nova província, juntament amb la III Cirenaica. D'altra banda, una estada al Danubi és més probable.

La segona legió trajana va ser transferida a Síria i va participar en la campanya de Trajà contra l'Imperi part a 115-117 i va estar estacionada a Judea després d'aquesta guerra. Aquesta província havia estat inquieta durant algun temps (veu aquí per a la història).

En 125, va ser transferida a Alexandria, on va compartir una base amb XXII Deiotariana i va succeir a III Cirenaica. En els anys entre 132 i 136, diverses subunitats del Segon Trajà legió va participar en la campanya de Hadrian contra els jueus, que s'havia rebel·lat sota Simon ben Kosiba i havia destruït XXII Deiotariana. Altres subunitats han d'haver romàs a Alexandria, que tenia una gran comunitat jueva i no podien quedar desprotegides.

La segona legió de Traian va tornar a Egipte, on romandria com la força principal. Els soldats servien sovint fora d'Alexandria, per exemple, com a guarnició de les ciutats de província a l'Alt Egipte. Se sap que van estar presents en Panospolis, Tebes, Syene i Pselchis. L'última ciutat esmentada es trobava a la frontera sud de l'imperi romà i és probable que els legionaris controlessin als comerciants procedents del regne de Núbia.

És probable que (subunitats de) II Traiana Fortis va participar en la campanya de Lucius Verus contra els Parts (162-166). La participació en les guerres marcománicas del germà de Vero, Marcus Aurelius, no està exclosa ni provada. Tenim més certesa sobre el paper de les legions en 175, quan es va alinear amb el general rebel Avidius Cassius. La seva revolta, però, no va tenir èxit.

Divuit anys més tard, II Traiana Fortis va recolzar a Pescennius Níger, un governador de Síria que volia convertir-se en emperador. Abans de la batalla decisiva contra Lucius Septimius Severus el 194, la legió va canviar de bàndol. Els soldats de la Segona Legió Trajana tenien el costum d'esmentar el seu batalló (centuria) sobre les seves làpides. Aquest és un hàbit gairebé únic, que només es coneix des de II Traiana Fortis i II Parthica. Sugereix que quan la Segona Legió Parthiana va ser fundada el 197, es componia de legionaris d'Alexandria. No obstant això, no hi ha cap altra evidència per a aquesta hipòtesi.

L'emperador Caracalla va donar a la legió el títol de Germanica el 213, que demostra que tota la legió havia estat emprada en la guerra contra els alamans germànics. Mig segle després, una subunitat de l'II Traiana Fortis va fer el mateix viatge a l'extrem oest, quan l'emperador Gallien (260-268) va exigir el seu recolzament contra Postumus, el governant de l'Imperi galí independent. No obstant això, aquesta subunitat va passar a l'altre costat i va tornar a Egipte després que Aureliano reconquistés la Galia.

Una moneda de l'emperador Carino (283-285) mostra l'àguila estàndard de la legió. Encara era a Alexandria el 296, quan l'emperador Dioclecià va reforçar la guarnició amb una segona legió, III Diocletiana. Dos anys més tard, una subunitat sembla haver lluitat contra els moros a Mauritània. (Això és suggerit per les Actes cristianes de Sant Marcell, que en aquest moment no poden ser fiables.) La legió encara estava a l'oest del Baix Egipte al segle V.

L'emblema de la segona legió era el semideus d'Hèrcules. La seva importància no és del tot clara, però és temptador pensar que el fundador de la legió, Trajano, es considerés un nou Hèrcules. Almenys un orador, Dión de Prusa, va comparar l'emperador amb el fill de Júpiter."



Font: Livius.org.

Foto: Alexandria, Inscription of II Traiana Fortis CC1.0 by Jona Lendering.


domingo, 30 de septiembre de 2018

LA BATALLA CONTRA LOS ROXOLANOS (69 d.C.)




La mayor victoria de la Legio III Gallica en el Danuvius.

“En febrero, cuando las trompetas entonaron la señal «¡A las armas!» a través de todo el campamento del Danubio de la legión III Gallica, la nieve todavía no se había derretido en Mesia. La legión, que llevaba menos de un año en su nuevo destino, recibió la orden de ponerse en marcha de inmediato. Liderada por su legado, Fulvio Aurelio, la III Gallica salió a toda velocidad con la misión de interceptar una fuerza de muchos miles de jinetes sármatas de la tribu de los roxolanos que habían atravesado el helado Danubio para emprender razias en el norte de Mesia

Los oponentes sármatas, jinetes expertos procedentes de Asia […] llevaban armaduras de escamas y cascos cónicos, y utilizaban largas lanzas y arcos, pero no escudos. La espada de los sármatas roxolanos era tan larga que se guardaba en una funda sujeta a la espalda y se sacaba con las dos manos por encima del hombro. […]

Los exploradores de la caballería romana localizaron el campamento roxolano; en un terreno cubierto por la nieve, se extendía por una amplia llanura cerca de unas marismas heladas. Los roxolanos no construían campamentos defensivos. Sus centenares de carros estaban dispersos por el paisaje, mientras que mantenían a sus caballos, de los que poseían varios miles, atados en grupos. La III Gallica acampó a cierta distancia de ellos, sin encender ninguna fogata. Aurelio, decidió atacar al amanecer, mientras aún disponía de la ventaja del elemento sorpresa.

Al llegar el alba, con la niebla cubriendo los silenciosos campos, los hombres de la III Gallica adoptaron posiciones sin hacer ruido. La niebla se había levantado cuando las trompetas romanas dieron la orden de cargar. Los sármatas, que no apostaban centinelas, estaban totalmente desprevenidos, con la guardia baja. Desesperados, intentaron ponerse las armaduras, ensillar a sus caballos, montar y luchar. Tácito dijo de la caballería sármata: «Cuando cargan en escuadrones, muy pocas líneas de infantería son capaces de resistir ante ellos» [Tác., H, I, 79]. Pero los roxolanos no tuvieron oportunidad de organizar una carga. Los legionarios emplearon sus jabalinas como lanzas, y utilizaron sus escudos para derribar a sus adversarios y sus pesadas armaduras, para después matarlos rápidamente con la espada. Según cuenta Tácito, una vez en el suelo, «los roxolanos se encontraban prácticamente indefensos, porque el peso de sus corazas hacía muy difícil que se volvieran a levantar» [ibíd.].
Aquellos roxolanos que lograron montar se encontraron con que sus caballos se resbalaban en el helado terreno. Con las tropas romanas sobre ellos, las largas lanzas sármatas resultaban inútiles. Muchos roxolanos fueron arrancados de los lomos de sus monturas y arrojados al suelo. Y una vez allí, el valor de los sármatas se esfumaba. «Ningún soldado podía mostrar tan poco espíritu cuando luchaba a pie», dijo Tácito de ellos [ibíd.].
Un puñado de sármatas heridos escapó hacia los pantanos, para morir finalmente congelados durante la noche. Todos y cada uno de los miembros de la fuerza roxolana fueron exterminados: nueve mil hombres. Las bajas de la III Gallica fueron tan escasas que ni las contaron. […].”


Fuente: Legiones De Roma de Dando Collins Stephen.

Página Facebook. Ángel Portillo Lucas.


Foto: Representación moderna de un catafracto, Creative Communs 1.2 by John Tremelling.


jueves, 23 de agosto de 2018

LAS LEGIONES, CONSTRUCTORAS DE LAS VÍAS



Las vías romanas nacían al ritmo que avanzaban las legiones romanas de la República y del Imperio. El papel de los legionarios no se limitaba a combatir al enemigo, sino a difundir la pax romana en las nuevas tierras incorporadas y a mantener los mecanismos de control de las mismas. En consecuencia, sea en el transcurso de las campañas, sea al cesar los enfrentamientos, el legionario sabía que llegaría el momento de despojarse de su armadura (lorica segmentata), de su casco (galea) y de su armamento (pilum, gladius y scutum), para servir de mano de obra en la construcción de las carreteras, forjadoras del estilo de vida romano. Sobre los generales además recaía la responsabilidad de que a sus tropas no les absorbiese la molicie, ni que el ocio alterase su ánimo o la quietud de las armas oxidase su forma física, y el afanarlos en la creación o reparación de vías aparecía como el remedio perfecto. La calzada de Bolonia a Arezzo surgió así, como iniciativa del cónsul Flaminio con objeto de mantener ocupados a sus hombres tras la pacificación de Etruria. No es casualidad que las operaciones militares de Agripa en la Galia (16-13 a. C.), de Tiberio en Dalmacia y Panonia a comienzos del siglo I d. C, de Claudio en las fronteras del Rin y del Danubio o de la dinastía Flavia en Asia Menor llevaron aparejadas las consiguientes políticas viarias. En Aurés (Argelia), una inscripción del 145 d. C. conmemoraba la construcción de una calzada por parte de la VI Legión Ferrata, aprovechando que había viajado desde Siria con la misión de suprimir una rebelión, lo cual denota que cualquier excusa era apropiada para dar comienzo a las obras públicas, con mayor motivo en un lugar donde no tan sólo los romanos, sino los árabes, sufrieron el carácter levantisco de los bereberes. Sofocados los núcleos de resistencia en los límites fronterizos, se apostaban fortificaciones desde donde controlar y proteger los caminos, que con el tiempo llegaban a ser auténticas colonias militares y germen de importantes ciudades.

Si el esfuerzo físico corría a cargo de la milicia, la planificación vial y la supervisión técnica de las obras dependía de los ingenieros militares (praefecti fabrum), normalmente personajes con una carrera militar a sus espaldas, veteranos que en sus ciudades se promocionaban a cargos políticos y sacerdotales. A su alrededor se coordinaban las acciones de geómetras, agrimensores, niveladores y arquitectos.

Fuente: Viajes por el Antiguo Imperio Romano de Jorge García Sánchez

Foto. Via Appia within the ancient city of Minturno. (CC0).


miércoles, 22 de agosto de 2018

Una vida en armas: los legionarios.



Legiones concentradas para aplastar la revuelta de los esclavos liderada por Espartaco; una feroz carga contra bárbaros iracundos… Las imágenes de legionarios romanos están ligadas a las transmitidas por las novelas, el cine y la televisión. Sin embargo, aparte de los breves momentos de batalla, disciplina, matanzas, valentía y muerte, ¿cómo era la vida de un legionario romano? Las fuentes, aunque se ha recurrido a ellas profusamente, no permiten contar la historia del legionario corriente en un momento dado durante los primeros tres siglos de nuestra era. Sin embargo, es posible obtener una imagen compuesta basada en el material existente de ese periodo. Legiones concentradas, aulladoras hordas de bárbaros, valentía en la batalla…, todo eso existía, pero expondré el resto de la existencia de los legionarios con todas sus limitaciones, esperanzas, banalidades y emociones.



El legionario, como otros romanos olvidados o invisibles, prácticamente nunca es tratado individualmente por las principales fuentes clásicas. Aparece en medio de la masa —«el ejército» o «una legión», o cualquier otro grupo—; tan sólo en situaciones excepcionales y frecuentemente con trazas de ficción, aparece un soldado de manera individual en las obras de los escritores de la elite. Para estos autores, por debajo de los mandos militares, el ejército es, salvo en muy raras ocasiones, una masa uniforme que interpreta su papel en el drama al que la elite denomina historia.



Cuando la elite se dignaba pensar en los legionarios corrientes quería fijarse en los actos heroicos, pero al final acababa viéndolos mayoritariamente como un cuerpo peligroso, ignorante, de origen humilde y motivado por bajos instintos. Sin embargo, si tenemos en cuenta el nivel económico, social y cultural del soldado corriente, su vida, aunque podía ser dura y en ocasiones mortal, era en muchos sentidos una vida privilegiada, ya que el legionario gozaba de una estabilidad y unas ventajas a las que muy pocos hombres corrientes podían aspirar.



Fuente: Los olvidados de Roma, prostitutas, forajidos, esclavos gladiadores y gente corriente de Robert C. Knapp




Foto: Grupo de recreación Barcino Oriens, Legio II Traiana Fortis en las jornadas romanas de BARCINO·COLONIA·ROMAE. Creative Commons 3 (Marionaaragay).

lunes, 20 de agosto de 2018

La vida de un Legionario en la época de las guerras de la Galias.


La marcha


Para levantar el campamento se daban tres toques de cornu. Al primer toque se desmontaban las tiendas, al segundo, se cargaban las bestias y las carretas. A continuación. Los legados preguntaban por tres veces si los soldados estaban dispuestos para el combate, y cada vez aquéllos respondían: «¡Estamos preparados!». En ese momento sonaba el tercer toque y la vanguardia se ponía en movimiento, seguida por el grueso de la tropa.

Cada legionario llevaba un pesado equipo personal sobre una furca, sistema que fue introducido por Mario hacia el año 107 a. C. El convoy de carga transportaba la impedimenta pesada: tiendas, muelas manuales, artillería, provisiones. etc. Estaba formado principalmente por animales de carga (sobretodo por mulos), pero también lo componían algunas carretas tiradas por bueyes o por caballos.

Los oficiales superiores tenían derecho a varios mulos: cada centurión tenía uno y se disponía de uno por tienda. Una legión contaba con 1200 o 1500 bestias de carga. El personal del convoy de carga se componía de esclavos, los muliones (muleros. boyeros y carreteros) y los calones, que servían como asistentes a los soldados.

Una vez dada la orden de marcha (agmell) resultaba prácticamente imposible algún tipo de cambio. Los exploradores realizaban avanzadillas de exploración. La vanguardia estaba formada por un destacamento de legionarios y otro de caballería, seguidos de un cuerpo de ingenieros encargado de hacer transitable el camino. A continuación marchaban los equipos de los oficiales, protegidos por una unidad de caballería; les seguían los ayudantes de campo y el legado con su escolta. Tras ellos, otro destacamento de caballería. Los legados y los tribunos con sus acompañantes, y. en columnas de a seis, el grueso de las legiones. Cada una de ellas iba precedida por el aquilifer, un signifer y un cornicen por cada centuria, y seguida por sus equipos. Finalmente, marchaba la retaguardia. Compuesta por los auxiliares, y, en última fila un destacamento de legionarios en formación ligera.



Fuente: La vida de un Legionario en la época de las guerras de las Galias de  Erik Abrason.

Foto: Creative Commons 3 (MatthiasKabel).

domingo, 19 de agosto de 2018

CONTRASEÑAS Y TOQUES DE TROMPETA.


II Las Legiones

IV.   CONTRASEÑAS Y TOQUES DE TROMPETA


Todos los días, al ponerse el sol, el oficial de mayor rango del campamento emitía una nueva contraseña y a cualquiera que se aproximara al campamento por la noche se le pediría que dijera cuál era. El tribuno de la guardia tenía que pasarle la nueva contraseña a cada uno de los tesserarius, que se ocupaban de que llegara a los distintos puestos de guardia para su uso durante las siguientes veinticuatro horas. Las contraseñas también se utilizaban en Roma, donde eran emitidas por el emperador o, en su ausencia, por un cónsul. Nerón eligió en una ocasión la frase «La mejor de las madres» como contraseña. Claudio, a menudo, utilizaba citas de Homero.

La vida diaria de los legionarios estaba regida por los toques de trompeta. «Todos los guardias están listos al sonido de un lituus y son relevados al sonido de un cornu», dijo Vegecio [Vege., III]. Los legionarios se levantaban y se acostaban cuando lo marcaba el respectivo toque de trompeta. Cuando se oía en el campamento el toque de «Preparaos para la marcha» por primera vez, los legionarios desmontaban sus tiendas y las de sus oficiales, luego recogían el bagaje y se situaban junto a él. Al segundo toque de trompeta de «Preparaos para la marcha», se cargaban los carros del bagaje. Cuando el toque sonaba por tercera vez, los primeros manípulos en el orden de marcha salían por la puerta del campamento [Jos., GJ, 3, 5, 4].



Había una larga lista de toques de trompeta que los legionarios debían ser capaces de reconocer y ante los que debían reaccionar con prontitud en el campo de batalla. Según Arriano, las señales de batalla incluían: «Marchar hacia delante», «Torcer a la izquierda», «Conversión hacia la derecha», «Desplegarse», «Volver a formar», «Volver a formar en línea recta», «Doblar el número de legionarios en fondo», «Volver a la formación», «Levantar las lanzas», «Bajar las lanzas», «El optio endereza la centuria», «El optio mantiene los intervalos» [Arr., T, 31-32]

Fuente: Legiones de Roma de Stephen Dando Collins

Foto. Cornicen Photographed by myself during a show of Legio XV from Pram, Austria (Medium69)

sábado, 18 de agosto de 2018

FORTIFICACION DE CAMPAMENTOS.


Que opinaba Flavivs Vegetivs Renatvs en su EPITOMA REI MILITARIS, en cuanto a la fortificación de un castrum con o sin presencia del enemigo.

LIBRO I

XXIIII FORTIFICACION DE CAMPAMENTOS.

Hay tres formas de atrincherar un campamento. Cuando el peligro no es inminente, llevan una estrecha zanja alrededor de todo el perímetro, de sólo 2,66 metros de ancho y dos de hondo. Con la turba que se ha sacado, se hace una especie de muro o terraplén de noventa centímetros de alto en la cara interior del foso. Pero donde haya motivo para temer ataques del enemigo, el campamento de rodearse de un foso regular, de 3 metros y medio de ancho y 2,66 metros de hondo, perpendicular a la superficie del terreno. Se eleva entonces un parapeto en el lado próximo al campo, de una altura de cuatro pies, con obstáculos y fajinas (haces de palos) adecuadamente cubiertas y aseguradas a la tierra sacada del foso. Con estas dimensiones, la altura interior del atrincheramiento alcanzará los 3,85 metros y la anchura del foso, 3,55 metros. Encima de todo se situarán fuertes empalizadas que los soldados llevan constantemente con este propósito. Un número suficiente de azadas, zapapicos, canastas de mimbre y herramientas de toda clase han de proporcionarse para tales trabajos.



XXV FORTIFICACION DEL CAMPAMENTO EN PRESENCIA DEL ENEMIGO.

No hay dificultad en fortificar un campamento cuando no hay enemigo a la vista. Pero si el enemigo está próximo, toda la caballería y la mitad de la infantería deben formar en orden de batalla para cubrir al resto de las tropas que trabajan en el atrincheramiento y estar dispuestos a enfrentar al enemigo si se deciden a atacar. Las centurias se emplean por turnos en el trabajo y son llamados regularmente al relevo por un pregonero hasta que se completa el trabajo. Luego se inspecciona y mide por los centuriones, que castigan tanto a los indolentes como a los negligentes. Este es un punto muy importante en la disciplina de los jóvenes soldados quienes, cuando están adecuadamente entrenados en ello, son capaces en una emergencia de fortificar su campamento con habilidad y rapidez.

viernes, 29 de junio de 2018

NO CORTAR, SINO DAR ESTOCADAS CON LA ESPADA.

Epitoma institutorum rei militaris
LIBRO I, de FLAVIVS VEGETIVS RENATVS
XII NO CORTAR, SINO DAR ESTOCADAS CON LA ESPADA.
Se les enseñaba, igualmente, a no cortar, sino dar estocadas con sus espadas. Para los romanos, no sólo resultaba motivo de chanza quienes luchaban con el borde de tal arma, sino que constituían una fácil conquista. Un ataque con los filos, aún los hechos con mucha fuerza, raramente mata, pues las partes vitales del cuerpo están defendidas tanto por los huesos como por la armadura. Por el contrario, una estocada, con que penetre dos pulgadas, es generalmente fatal.
Además, en la posición del ataque, es imposible evitar exponer el brazo derecho y el costado; de otra parte, el cuerpo está cubierto al dar una estocada, y el adversario recibe la punta antes de que vea la espada. Este fue el método de lucha usado principalmente por los romanos, y sus motivos para ejercitar a los reclutas al principio con armas de un tal peso era que cuando al fin llevaban las normales, mucho más ligeras, la gran diferencia de peso les permitía comportarse con gran seguridad y diligencia a la hora del combate.
FOTO: grupo de recreación de la Legio VII Gemina,


De los meses más seguros para la navegación.




FLAVIVS VEGETIVS RENATVS
Epitoma institutorum rei militaris Libro IV- XXXVIIII
De los meses más seguros para la navegación.
El rigor y la inconstancia de las estaciones no permiten navegar todo el año. Hay meses apropiados para la navegación; los hay dudosos y otros en los que la mar es absolutamente impracticable. Después de la aparición de las Pléyades, desde el 27 de mayo hasta la aparición de Arturo, es decir, hasta el 14 de septiembre, la navegación se considera segura, porque la dulzura del verano calma la furia de los vientos. Desde ese momento hasta el 11 de noviembre, empieza a ser peligrosa; pues la violenta constelación de Arturo aparece a partir del 13 de septiembre; el 24 del mismo mes llega el molesto tiempo del equinoccio; los lluviosos Cabritillos aparecen sobre el 7 de octubre y el Toro el 11 del mismo mes: pero es en noviembre cuando la desaparición de las Vergilias (Pléyades) empieza a producir frecuentes tempestades. Así, desde el 11 de noviembre hasta el 10 de marzo, los mares están cerrados. En ese tiempo los días son cortos y las noches largas: las nubes espesas, las nieblas, el complejo rigor de los vientos, de la lluvia y de la nieve, impiden el viaje no solo de las naves de la mar sino también de los viajeros por tierra. Sin embargo, después de la abertura de la navegación, que se celebra con solemnes juegos, a la vista del pueblo y de muchas naciones extranjeras, aún hay peligro en la navegación marítima hasta el 15 de mayo, a causa de muchos astros peligrosos y de la estación misma. No digo que la laboriosa industria de los mercaderes deba quedar parada, pero hay muchas otras consideraciones, para una armada naval, que no debe exponerse en el mar como si se tratase de particulares, a quien el deseo de beneficios hace afrontar el peligro.

NOVAE


En la localidad búlgara de Svishtov se encuentran las ruinas del castrum de Novae.
Decir Novae y decir Legio I Italica es decir lo mismo, fue base permanente de la misma desde que Flavio Vespasiano la desplazo a esa plaza hasta que las invasiones de hunos acabaron con prácticamente todo lo de esa zona finales del siglo V.
Para mí, el edificio más espectacular encontrado en las excavaciones, que está realizando la universidad de Varsovia, es  el valetudinarium (hospital), uno de los mayores del Imperio. Se cree que podía albergar a 300 legionarios y en su interior en un patio porticado acogía a un templo dedicado a Esculapio y a su hija Igea. Se especula que el mismísimo Trajano lo mando construir como preparativo de las guerras Dacias.    

Foto: valetudinarium de Novae







domingo, 24 de junio de 2018

Optio y evocatus

Optio y evocatus de la Legio VII Gemina.
El Optio lleva calada la Gálea con plumas y sostiene una vara de mando (para disciplinar a los legionarios que a su entender eran poco eficientes). También portaba colgada una cartera que contenía la documentación necesaria para el control de todo lo relacionado con la centuria.
El Evocatus, un veterano que se reenganchaba al servicio.
Servir a Roma era un honor, servir a los dioses era un honor.
“Dulce et decurum est pro patria mori”.