lunes, 19 de noviembre de 2018

VIDA CORRIENTE: EL EMBARAZO, EL PARTO Y LA FRAGILIDAD DEL SER HUMANO


Los demás seres vivos tienen un tiempo determinado para la gestación y para el parto; el hombre nace durante todo el año y con un plazo incierto. Antes del séptimo mes nunca es viable. En el séptimo mes tampoco nacen, a no ser que hayan sido concebidos la víspera o al día siguiente del plenilunio, o en el interlunio. Según la tradición, en Egipto se nace en el octavo mes y, ciertamente, tales partos son viables ya incluso en Italia, contra la opinión de los antiguos.

En los partos de gemelos pocas veces sobreviven tanto la madre como los hijos, a no ser que viva uno solo; y si son de distinto sexo, es todavía menos frecuente que sobrevivan los dos. Las niñas nacen más rápidamente que los niños, del mismo modo que envejecen más rápidamente. En el vientre de la madre, los niños se mueven más y se llevan casi siempre en la parte derecha, las niñas en la izquierda. El nacimiento de trillizos está confirmado por el ejemplo de los Horacios y los Curiacios. Por encima ese número, se tiene entre los hechos extraordinarios, excepto en Egipto, donde el beber agua del rio Nilo produce fertilidad.

A partir de los diez días de la concepción los síntomas de que ha comenzado un hombre son: dolores de cabeza; en los ojos, vértigos y mareos; repugnancia en las comidas, y nauseas. La gestación de un niño da mejor color y un parto más fácil; el movimiento en el vientre se produce a los cuarenta días. Todo es contrario en el otro sexo: un peso insoportable y una ligera hinchazón de las piernas y la ingle; en cambio, el primer movimiento es a los noventa días.

Y hasta tal punto repercute en las embarazadas la manera de andar y todo lo que se pueda decir, que, las que toman comidas demasiado saladas, dan a luz a niños que no tienen uñas y, si respiran, paren con más dificultad. Un bostezo durante el parto es mortal, así como es abortivo haber estornudado después del coito.

Da pena y también vergüenza considerar que insignificante es el origen del más soberbio de los animales, cuando para la mayoría llega a ser causa de aborto el olor que produce una lámpara al apagarse. ¡De estos comienzos nacen los tiranos, de estos los espíritus sanguinarios! ¡Tú que estás confiado en las fuerzas de tu cuerpo, tu que abrazas los dones de la fortuna y ni siquiera te consideras discípulo de ella, sino hijo, tu cuya mente es la de un emperador, tu que te crees un dios, rebosante de orgullo por alguna razón, pudiste morir por tan poca cosa! Y todavía hoy puedes morir por una causa mínima, como una minúscula mordedura de serpiente o también, como el poeta Anacreonte, por una uva pasa, o como el pretor Fabio Senator, atragantado por un solo pelo en un sorbo de leche. Para terminar, realmente hará una justa valoración de la vida aquel que recuerde siempre la fragilidad humana.

Fuente: Textos de  Historia Natural de Plinio el Viejo.
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FOTO: Estatua en un jardín. Dominio público portal Pixbay.







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