PETICIÓN A JUPITER EN EL DISCURSO DE ALABANZA DEL EMPERADOR TRAJANO POR PLINIO EL JOVEN. (PANEGYRICUS DICTUS TRAIANO IMPERATORI).


VOTOS A LOS DIOSES Y EN ESPECIAL A JÚPITER CAPITOLINO PARA QUE PROTEJAN AL PRÍNCIPE, EN QUIÉN RESIDE LA PROSPERIDAD DEL IMPERIO.

El Panegírico es el discurso que pronunció Plinio el joven, o Gayo Plinio Cecilio Segundo, cuando fue elegido cónsul. El 1 de septiembre del año 100, Plinio, en su propio nombre y en el de su colega, Gayo Julio Cornuto Tertulo, pronunció en el Senado y en presencia del emperador Trajano el tradicional discurso de agradecimiento por la elección para la primera de las magistraturas romanas. 

Relieve de la columna de Trajano, dominio público.


CAPÍTULO 94 - VOTOS A LOS DIOSES Y EN ESPECIAL A JÚPITER CAPITOLINO PARA QUE PROTEJAN AL PRÍNCIPE, EN QUIEN RESIDE LA PROSPERIDAD DEL IMPERIO.

«Al término de mi discurso, yo, el cónsul de Roma, en nombre del género humano, os suplico divinos protectores y guardianes del Imperio, y en especial a ti, Júpiter Capitolino, que continúes prodigándonos tus beneficios y que a tantos presentes tuyos añadas el que éstos duren eternamente. Atendiste los ruegos que te elevamos contra un mal Príncipe (evidentemente Domiciano), concédenos ahora lo que te pedimos en favor de uno completamente distinto a aquél. No te fatigamos con nuestros votos, pues no te suplicamos la paz, ni la concordia, ni la tranquilidad, ni riquezas, ni honores. Uno solo es el voto de los hombres, y es tal que contiene en sí mismo todos esos bienes: LA PROSPERIDAD DEL PRÍNCIPE. Por lo demás, no es nueva para ti la responsabilidad que te confiamos. En efecto, ya entonces tú, por tu propia iniciativa, pusiste a nuestro Príncipe bajo tu protección, cuando lo salvaste de las fauces del más codicioso de los ladrones (nuevamente Domiciano), pues, en aquellos tiempos en que todos los mejores eran abatidos, éste, que era superior a todos los demás, no pudo permanecer incólume sin tu ayuda: pasó inadvertido a un pésimo Príncipe quien no podía pasar inadvertido a uno excelente. Nos enviaste luego una clara señal de la elección que habías hecho en su persona, cuando renunciaste en su favor a tu título y a las aclamaciones en tu honor el día en que él debía partir para ponerse al frente de su ejército. Expresaste a continuación lo que sentías por boca del emperador (en este caso Nerva, su padre adoptivo), y elegiste así un hijo para él, un padre para nosotros, un Pontífice Máximo para ti. Por ello, en los mismos términos en los que nuestro Príncipe ordena que se hagan por él los votos a los dioses, con tanta mayor confianza te ruego y suplico, “si gobierna sabiamente el Estado y de acuerdo con el interés general”, en primer lugar, que lo conserves sano y salvo para nuestros nietos y bisnietos, y después, que algún día le concedas un sucesor que él mismo haya engendrado y que haya instruido y formado a semejanza del hijo adoptivo que él es, o bien que, si esto le es negado por el hado, lo asistas con tu consejo a la hora de elegir sucesor, y le señales a alguien digno de ser adoptado en el Capitolio.»

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Fuente: Panegírico del emperador Trajano, Edición y traducción de José Carlos Martín.

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Miembro del grupo de recreación historica Barcino Oriens (Legio II Traiana Fortis) y Miembro de Divulgadores de la Historia.

Comentarios

  1. La humilde locuacidad de Plinio, para invocar tiempos mejores para el imperio es virtud de los grandes, una lección en tiempos que todo se exige

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