Despedida del hogar paterno y salida de viaje de un Romano.


Fragmento de LIGNVM, primera parte de trilogía la Vida de Aurelio de Ángel Portillo.

“—Umbral de mi casa paterna, te saludo y me despido al mismo tiempo. Hoy salgo a buscar mi futuro, hoy salgo por última vez de mis Lares. Ya no haré uso de esta morada que me lo ha ofrecido todo. He recibido de ella alimento, cama y vestido. Por ella soy lo que soy. Estoy triste por dejar mi casa. Soy Aurelio Vitalis, hijo de Lucio; desde ahora no tenéis que cuidar de mí. Santísimo genio paterno, dioses Penates del hogar, venerable Lar familiar, os pido humildemente que guardéis los bienes y la salud de mi padre, Lucio Vitalis. Cuidad también de su esposa, Lucrecia. Yo marcho a buscar otros dioses Penates, otro venerable Lar, otro hogar en otra ciudad.
Tras despedirme de mi hogar paterno, mirando hacia la puerta me alejé durante un tiempo sin darme la vuelta. Nos dirigimos entonces a la puerta Salutaris que daba acceso a la vía Flaminia.

[…] En la carretera, había gran variedad de establecimientos. En unos, las estaciones de cambio, había de veinte a cuarenta caballos y mulas para sustituir los animales de tiro por otros más frescos; estaban también dotadas de lo necesario para la reparación de los diferentes vehículos de transporte. En otras, las mansiones, menos numerosas, además de ofrecer los mismos servicios que las anteriores, los pasajeros podían comer y pasar la noche. Entre unas y otras uno disponía de todo lo necesario para realizar un viaje con cierta tranquilidad. En ellas se hallaban carpinteros, herreros, conductores de relevo, veterinarios y mozos de equipaje entre otros. Había también hostales, tabernas y demás locales privados que aprovechaban la abundante afluencia de viajeros de la vía. Ofrecían servicios muy diversos, desde baños a termas o tiendas en donde comprar productos de todo tipo. Por el camino, se veía gente haciendo su marcha y cargando sobre sí misma todo lo necesario para el viaje. Pequeños mercaderes cargaban sus pocas mercancías en una mula. Grandes carros de dos o cuatro ruedas tirados por bueyes se movían con lentitud y dificultad. También pude ver calesas de dos ruedas cubiertas con un toldo abierto por la parte delantera y tiradas por dos caballos.
Todos los viajeros, mercaderes o transportistas estaban siempre informados sobre el lugar de la vía Flaminia en el que se encontraban, pues cada kilómetro y medio se lo indicaba un miliario, una columna de más de dos metros de altura con información acerca de la distancia hasta Roma o sobre la ciudad importante más cercana. También se podía leer el nombre de la vía, el emperador o cónsul que la había mandado construir y la legión que la había construido.”



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Fuente: LIGNVM de Ángel Portillo.
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Miembro de Divulgadores de la Historia.

Miembro del grupo de recreación historica Barcino Oriens. (Legio II Traiana Fortis, Ludus Gladiatorius Barcinonensis, Ornatrices Barcinonensis).




Foto: Via Flaminia at Carsulae, Creative Commons 3.0 by Jan Hazevoet.

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