viernes, 25 de diciembre de 2020

Qué nos dice la arqueología sobre la presencia de mujeres en los campamentos romanos.


En Roma una mujer nunca pudo enrolarse en el ejército o desempeñar ningún cargo público. Las ciudadanas romanas no tenían derechos políticos activos ni la obligación de defensa de la patria que se asociaba a los varones.

Las fuentes clásicas veían a las mujeres que no se dedicaban a las tareas domésticas y a los hijos como factores desestabilizadores de la sociedad, siendo por lo tanto denigradas. Además, desacreditar a estas mujeres era una excusa para atacar a sus maridos, pues estos, ante la opinión pública, son calificados como pusilánimes. Viendo esta actitud la mujer ha sido excluida tradicionalmente de los estudios militares, ya que el entorno castrense se consideraba como un mundo exclusivamente masculino. 


En las últimas décadas, gracias a nuevas intervenciones arqueológicas se han podido encontrar objetos de uso femenino que nos permiten plantear nuevas ideas sobre la vida en el ámbito militar. El factor del concubinato, los legionarios no se podían en principio casar, hace posible pensar en una convivencia o coexistencia entre hombres y mujeres extramuros (o intramuros) del recinto fortificado. 

En los denominados canabae, que se localizaban junto a las puertas de los campamentos militares (castrum o castra), habitaban una serie de personas que acompañaban a los ejércitos y que en su mitad eran mujeres. Es decir, podían ser madres, parejas o hijas de los legionarios y que se desplazaban de forma regular junto al contingente. También padres, hijos o hermanos, e incluso algunos soldados ya licenciados. 

Estas aldeas de familiares se fueron poblando con el establecimiento en ellas de comerciantes, prostíbulos, tiendas, talleres y tabernas. Los acompañantes compartían con los soldados las largas marchas, el hambre y el cansancio, las dificultades climáticas, las enfermedades y epidemias, por lo que cabe pensar que tuvieron que tener un fuerte vínculo con aquellos hombres. En las ocasiones en que se otorgaban ratos de ocio y se permitía a los legionarios la salida del campamento, era en estos establecimientos donde gastaban su paga, por lo que, en cierto modo, formaban parte necesaria de la vida cástrense. 

Tras la realización de excavaciones arqueológicas en muchos de ellos, se han documentado una serie de objetos que parecen demostrar contacto y presencia del género femenino más próximo a estos enclaves de lo que siempre se había pensado. 


En primer lugar hablaremos de la Península Ibérica. La actual ciudad de León (castra legio) fue la base, de la Legio VII Gemina, estando asentada durante varios siglos. En una intervención arqueológica (2007) apareció el esqueleto de un bebé recién nacido. El arqueólogo que lo documentó, Emilio Campomanes, dijo que el esqueleto «Corresponde a una niña perinatal, fallecida en un momento indeterminado previo al parto, durante el parto o bien poco después de ese momento». Hasta ese día nunca se había localizado ninguna prueba en el asentamiento que pudiese atestiguar la presencia de mujeres y niños intramuros. 

También en la antigua Legio nació (in castris) y vivió Marcelo, centurión de la Legio VII Gemina durante la segunda mitad del siglo III d.C. Su mujer se llamaba Nonia y tuvieron doce descendientes. Tanto hijos como padres vivían en el límite sur de la principal arteria del campamento, la via Principalis. Se ha fijado su residencia a pocos metros de la porta principales dextra del recinto. 

En Vindolanda son cientos de piezas de calzado romano, entre las que se incluyen zapatos pequeños de niño, zapatos de mujer y zapatos de hombre. En Roma por la utilización de un tipo u otro de vestimenta se conocía la clase social a la que pertenecía quien la portaba. Por eso, dependiendo del tipo de zapato localizado, se puede asociar a su propietario a una u otra clase social y en este yacimiento arqueológico tenemos presencia de todas ellas. 

Se han encontrado estos objetos mayoritariamente en espacios domésticos derrumbados, en los edificios oficiales militares y en vertederos. Pero también en los barracones, siendo éstos imitativos de las botas comunes de los soldados adultos. Pero para que existiesen niños en el campamento, tenía que haber una presencia de mujeres que los alumbrasen y cuidasen dentro de él. 

En excavaciones en Vetera, Rottweil, Oberstimm o Ellingen se han podido encontrar: fíbulas, broches de cinturón, horquillas de bronce, cadenas con cuentas, fusayolas, ungüentarios, biberones, campanitas de pequeño tamaño realizadas en bronce y anillos, entre otros. Todo ello ha ayudado, como mínimo, a cuestionarnos la exclusividad del varón en el mundo castrense romano. 

La investigadora Penélope Allison plantea que las mujeres convivían de forma cotidiana en el interior de los castra con los legionarios, participando de forma regular en ese tipo de comunidad militar. Su teoría propone que cualquier rango militar podía tener pareja, quedando desfasado el planteamiento tradicional sobre la imposibilidad de casarse que se había asociado a los soldados de baja categoría. Para ratificar su hipótesis se ha centrado en los hallazgos de los objetos anteriormente citados. 

Como conclusión podríamos decir que estos estudios se desmarcarían de los convencionalismos que hasta hace pocos años han existido. Es una línea de investigación en la que se continúa estudiando y revisando nuevamente todo el material que se localizó en esta tipología de asentamientos, para poder concretar en estos hallazgos presencia femenina como habitual.

Para saber más:
Lignum en Roma (Ivoox) 025 — Mujeres en los campamentos romanos.

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Fuentes:
La Mujer en el Ejército. Casos de Estudio de Begoña Fernández Rojo.
La roma de los olvidados de Robert C. Knapp.
Mujer y ejército romano, el caso de la epigrafía militar britana de Roberto López Casado.

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jueves, 26 de noviembre de 2020

"La Vida de Aurelio", "Ab Urbe Condita" y "Cunina, diosa tutelar de la infancia".

 
¡Es un placer ver cómo crece la familia! 


Los tres primeros libros, la trilogía de la Vida de Aurelio, mi primera aventura en la ficción histórica, los quehaceres de un olvidado que intenta salir adelante en un mundo hostil y que sobrepasa al más osado.

Ab Urbe Condita, publicado por EDAF, una pequeña participación, junto a otros trece autores, en la que todo lo ganado irá a la conservación del magnífico puente de Alcántara. Ni que decir tiene que contribuir en una obra así enriquece.

Por último, CUNINA, diosa tutelar de la infancia, que verá la luz al inicio del año 2021. En esta ficción histórica conoceremos las vivencias de una familia en la Roma de 131 a.C.



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CUNINA, DIOSA TUTELA DE LA INFANCIA -> 2021

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viernes, 6 de noviembre de 2020

022 — Campesino soldado del inicio de la república romana.

 LIGNUM en ROMA




En esta ocasión junto a Maribel Bofill hablaremos sobre el campesino soldado de la República. 


El romano republicano era un campesino con espíritu práctico, un hombre vinculado a la tierra pues jamás será un desarraigado hasta el punto de no entender el lenguaje del calendario rural o de los oficios del campo. Defiende bien sus intereses, testarudo y perseverante que tiene pasión por la tierra que será, cuando sea preciso, un soldado endurecido y apasionado. Con una vida sencilla con la idea que el deber cívico y el deber militar son un solo y mismo deber. Inclinado a la superstición pues toda la vida romana quedará impregnada de una religión escrupulosa de carácter práctico. Añadir que como todo hombre de esa época creía que la violencia era un método aceptable para solucionar los problemas, en otras palabras que la violencia era parte de la vida.


miércoles, 14 de octubre de 2020

PUBLIO CORNELIO ESCIPIÓN EL AFRICANO Y SU CONFIANZA.

Cuando el padre y tío del africano, Publio y Gneo Escipión, fueron derrotados en Hispania y fue masacrado la mayor parte de su ejército por las tropas cartaginesas y aliadas, muchos de los pueblos de Iberia se pusieron del lado cartaginés: Al no atreverse ninguno de los generales a partir hacia allí para restablecer la situación, Escipión el Africano, que contaba con sólo veintitrés años, prometió que lo haría. Con esta confianza en sí mismo, y solo dos legiones, devolvió al pueblo romano la esperanza de la salvación y de la victoria. Recordemos que los cartagineses habían matado a su padre y a su tío. Y que los romanos unos años antes habían perdido miles y miles de hombres en la batalla de Cannas, en la que él mismo estuvo a punto de morir. Por entonces Aníbal que parecía y era invencible no estaba muy lejos de Roma.

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Esta confianza en sí mismo la ejerció también en Hispania. Cuando asediaba la ciudad de Baria (en la provincia de Almería), ordenó a los que se presentaban ante su tribunal, para que impartiera justicia, que compareciesen al día siguiente en un templo que se encontraba al otro lado, dentro de los muros del enemigo. E inmediatamente, después de haberse apoderado de la ciudad, dictó sentencia en el sitio, en el momento y en el lugar que previamente había dicho.

 

Escipión el Africano cc3 Miguel Hermoso Cuesta.

“Nada más noble que esta confianza, nada más cierto que esta predicción, nada más eficaz que esta rapidez de hacer lo prometido, nada, en fin, más digno que su dignidad.” (Valerio Máximo)
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No fue menos valiente ni menos importante su paso a África, adonde llevó su ejército desde Sicilia, zarpando de Lilibeo y desembarcando en África, no muy lejos de Utica. Esto lo hizo en contra de la opinión del senado, porque, si no hubiese confiado más en su decisión que en la del propio senado para realizar esta empresa, no se habría encontrado el modo de poner fin a la Segunda Guerra Púnica. 
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Una confianza igual demostró con la siguiente anécdota: una vez en África, unos exploradores cartagineses fueron cogidos prisioneros en el campamento y llevados a su presencia, pero ni los torturó ni les preguntó sobre las intenciones y las fuerzas del ejército enemigo, sino que ordenó que los llevaran junto a los manípulos y resto de tropas auxiliares. Tras preguntarles si ya habían visto todo lo que les habían ordenado, mandó que los alimentaran a ellos y a sus cabalgaduras y los dejó libres sanos y salvos. Con esta prueba de confianza en sí mismo, golpeó la moral del enemigo antes de hacerlos caer bajo las armas romanas.
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Cuando Lucio Cornelio Escipión Asiático, su hermano, y él se defendían tras una acusación ante el senado de la apropiación de cuatro millones de sestercios relativos a la guerra de Antioquía (en la actual Turquía). Escipión el Africano rompió el libro de cuentas en el que estaban registrados los pormenores de los gastos y de los ingresos con el que fácilmente podía echar atrás cualquier duda de sus acusadores. Se dirigió entonces a los presentes y les dijo: «Senadores, no voy a dar cuenta a vuestro erario de los cuatro millones de sestercios, yo, que con mi actuación he enriquecido el tesoro público en doscientos millones de sestercios. No creo que se haya llegado a tal grado de malicia que haya que abrir una investigación sobre mi inocencia, ya que, después de haber puesto África entera a vuestra disposición, ninguna otra cosa saqué de ella que se me pudiera imputar, salvo el cognomen. Así pues, ni me hicieron avaro los tesoros cartagineses ni a mi hermano los de Asia, sino que ambos somos más ricos en envidia de otros que en dinero».
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Cuando el tribuno de la plebe Marco Nevio quiso obligar al Africano y fijó una fecha determinada para que compareciese ante el pueblo. El Africano se presentó con una gran muchedumbre, subió a la tribuna de oradores y, ciñéndose la corona del triunfo, dijo: 


«Quirites, tal día como hoy obligué a la soberbia Cartago a someterse a nuestras leyes. Es justo, pues, que vosotros y yo vayamos al Capitolio a dar gracias a los dioses».


Al parecer tras esas palabras se dirigió a la colina Capitolina hacia el templo de Júpiter Optimus Maximus, Juno y Minerva. Mientras, lo acompañaban como escolta el senado en pleno, todos los ecuestres y toda la plebe. Tan solo quedó en el foro el tribuno que quiso iniciar el proceso en nombre del pueblo pero sin estar presente el pueblo. Quedo solo y haciendo el mayor de los ridículos con su calumnia. Para evitar más vergüencita también él fue al Capitolio y de acusador de Escipión se convirtió en su ferviente admirador.

The Continence of Scipio de SebastianoRicci 

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Fuente: Hechos y dichos memorables de Valerio Máximo.Ángel Portillo Lucas, autor de:
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viernes, 4 de septiembre de 2020

SANGRE EN EL HIELO (174-175 D.C.), Guerras Marcomanas.

La victoria sobre el Danubío helado.

Pertinax, uno de los mejores generales de Marco Aurelio, contra El rey Zantico y los demás líderes sármatas yácigos.

“A lo largo del invierno de 174-175 d.C., el mejor general de Marco Aurelio, Publio Pertinax, lideró un ejército desde Panonia en dirección al territorio de los yácigos situado por encima del Danubio. Los yácigos habían estado esperando esta ofensiva y el rey Zantico mandó una nutrida columna montada a enfrentarse a los romanos, cruzando el Danubio helado para luchar contra Pertinax en territorio romano. La batalla inicial, en unas duras condiciones invernales, se desarrolló de forma desfavorable a los yácigos. Pertinax combinó la caballería y la infantería con gran éxito, obligando a la caballería yáciga a retirarse en desorden hacia la orilla norte del Danubio.

Cuando el enemigo se dio a la fuga, Pertinax y sus legiones, llenos de ímpetu, se precipitaron a seguirles, pero al otro lado del río, los líderes germánicos consiguieron que sus jinetes volvieran a formar. Los legionarios romanos empezaron a resbalar y deslizarse por el hielo mientras avanzaban con cautela por el helado Danubio; en ese momento, los germanos reagrupados les atacaron. «Algunos de los bárbaros se lanzaron como un rayo sobre ellos, mientras que otros les rodearon a caballo para atacar sus flancos, ya que sus caballos habían sido entrenados para correr con seguridad sobre una superficie como aquella». Sin embargo, las tropas romanas «no se alarmaron, sino que formaron un cuerpo compacto y se enfrentaron a todos sus enemigos al mismo tiempo» [Dión, LXII, 7].

Las legiones de Pertinax formaron el cuadrado, también llamado «el ladrillo» y «la caja» por los romanos, una formación estándar de defensa contra un ataque de caballería que siguió siendo utilizado por la infantería para rechazar a la caballería hasta 1815 en la batalla de Waterloo. Los legionarios crearon un cuadrado de muchas filas en fondo con el fin de crear un amplio cuadrado hueco, en el que todos los soldados de infantería estarían mirando hacia fuera y la caballería, los auxiliares, los estandartes, los no combatientes y los oficiales de alto rango se situarían dentro del cuadrado.



A la orden, «la mayoría de ellos colocaron sus escudos [en el hielo] y apoyaron un pie sobre ellos, para no resbalar tanto». Cuando los jinetes yácigos se acercaban con sus lanzas, algunos de los legionarios que habían afirmado sus pies agarraron las riendas de los caballos. Otros aferraron los escudos y los astiles de las lanzas de los jinetes germánicos. A menudo, los legionarios tiraban de los caballos hasta que caían al hielo, o de los jinetes, haciendo que cayeran de sus monturas. Si un legionario perdía pie, mantenía agarrado a soponente y lo arrastraba al suelo con él. Se celebraron incontables sesiones de lucha de ese tipo sobre el hielo. En más de una ocasión, los soldados romanos emplearon los dientes como arma en esas peleas desesperadas. Según Dión, los bárbaros se encontraron abrumados por esas tácticas tan poco ortodoxas y «del nutrido ejército, pocos fueron los que escaparon» [ibíd.]. Mientras la sangre teñía el hielo de rojo carmín, la batalla sobre el Danubio acabó en una decisiva victoria de las legiones de Pertinax.”

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Podcast en Ivoox en el que se habla de esta batalla y la de la XII Atronadora.
   

Fuente: Legiones De Roma de Dando Collins Stephen

Foto: Legio III Cyrenaica of New England (United States) in a 1st century A.D. Creative Commons 3.0, by Caliga10's wife.
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miércoles, 19 de agosto de 2020

SOBRE LA COSMÉTICA DEL ROSTRO FEMENINO (OVIDIO)

En su obra, la de Ovidio, aparecen recetas que parecen ser tratamientos cosméticos genuinos, o al menos posibles. Explica la utilización, incluyendo proporciones e instrucciones, de materiales presentes en aquella época como cebada, yeros (especie de legumbre antigua de origen oriental), huevos, cuernos de ciervo, bulbos de narciso, goma con semilla, toscana y miel. El autor promete que «Cualquier mujer que se unte el rostro con tal cosmético, brillará con más lisura que su propio espejo».


La Gran mayoría de los materiales recetados por Ovidio son, en efecto, tratamientos que parecen efectivos para el cuidado de la piel. Algunos de ellos, como la harina de avena, el germen de trigo y la clara de huevo, son utilizados habitualmente en la fabricación moderna de cosméticos y de productos para el cuidado de la epidermis. 

Aquí os dejo algunas líneas de la obra de Ovidio: 

«Aprended, mujeres, qué cuidados embellecen vuestro rostro y de qué manera podéis preservar vuestra hermosura. El cultivo dio órdenes a la estéril tierra de que hiciera brotar los dones de Ceres y perecieron los espinosos zarzales. El cultivo mejora los jugos amargos en la frutas y un árbol al que se le ha hecho una incisión adquiere por injerto propiedades nuevas. Lo cultivado resulta grato: los elevados techos son recubiertos de oro, la oscura tierra queda escondida bajo las losas de mármol que sobre ella se colocan. A menudo también a los vellones se los colorea en un caldero según la costumbre de Tiro; la India nos ofrece para nuestro lujo el marfil cortado en trozos». 

El autor, entre otros hechos, asemeja el rostro o la hermosura femenina al cambio que dio el mundo cuando Ceres por la alegría de recuperar a su hija, Proserpina, regaló al hombre el don de la agricultura. La tierra entonces se engalanó de campos, flores y frutos que dieron belleza a la vez que sabores a un mundo lleno de zarzales donde el único alimento de los hombres eran las bellotas. 

«Quizá las antiguas sabinas en tiempo del rey Tacio hubiesen preferido cultivar los campos de su padre antes que a sí mismas […]; pero vuestras madres han traído al mundo hijas delicadas: queréis cubrir vuestro cuerpo con vestiduras doradas, queréis variar la forma de peinar vuestros perfumados cabellos y queréis tener una mano que, cubierta de piedras preciosas, llame la atención; os colgáis del cuello perlas buscadas en Oriente y dos pendientes de vuestras orejas, único peso que en ella podéis llevar. Y desde luego, no es vituperable: preocupaos por gustar, ya que vivís en una época en que también los hombres se adornan: vuestros maridos se engalanan, siguiendo la norma de las mujeres y una novia apenas tiene nada que añadir a ese ornato. […]» 

Para Ovidio los tiempos en el que las mujeres eran duras trabajadoras, frugales y no cuidaban en exceso su aspecto habían pasado. La mujer romana de la monarquía y la república no era la misma. El poeta coincide con Augusto y el comportamiento, tanto de mujeres como de hombres era otro. Hecho que proporcionó verdaderos quebraderos de cabeza al padre del Imperio Romano. 

«En primer lugar, mujeres, habéis de velar por vuestras cualidades espirituales: un rostro resulta atractivo si va acompañado de inteligencia. El amor que se funda en las cualidades del espíritu es firme. El paso del tiempo arruinará vuestra belleza, y vuestra cara atractiva se verá surcada de arrugas. Tiempo vendrá en que al miraros al espejo sentiréis pesar, y la misma pesadumbre será otra causa más de arrugas. Pero la honestidad se mantiene por mucho tiempo, y durante los años que ella dura, el amor le está totalmente sujeto». 

La mujer debía cuidar además de su aspecto externo las «Cualidades espirituales» pues parte de la belleza —en aquella época— era también el comportamiento femenino de la mujer. Ellas tenían que ser: adorables, encantadoras, dulces, sin espíritu pendenciero, castas, buenas amas de casa, saber cuál es su sitio, aprender en silencio y ser sumisas. Estas eran las cualidades que un hombre de los inicios del Imperio buscaba en una mujer y que encontraría deseables para entablar una relación duradera. 



Tras eso Ovidio nos da la receta de varios ungüentos, dos de los cuales detallo a continuación 

Ungüento para dar tersura y brillantez al rostro. 

«Di, pues, de qué manera puede un rostro brillar resplandeciente de blancura. Para dar una vez que el sueño ha relajado los miembros delicados. A la cebada que los colonos de Libia enviaron en sus naves, quítale la paja y el corzuelo, y pon a reblandecer igual medida de yeros en diez huevos (la cebada, ya limpia, debe pesar dos libras): cuando todo esto lo haya secado el soplo del viento, haz que lo triture lentamente una burra bajo la áspera muela; y machaca cuernos de ciervo vivaz, aquellas partes que estén a punto de caérsele; todo esto en cantidad de una sexta parte de libra. Y una vez que la mezcla se haya convertido en harina muy fina, enseguida ciérnela en un tamiz de malla tupida; añade doce bulbos de narciso sin la cáscara y que tu diestra vigorosa los machaque en un mortero de mármol bien limpio; echa también dos onzas de goma con semilla toscana, añádele otras tantas nueve partes más de miel: cualquier mujer que se unte el rostro con tal cosmético, brillará con más lisura que su propio espejo». 

Otro ungüento para dar tersura y brillantez al rostro. 

«No dudes en tostar pálidos altramuces y cuece al mismo tiempo habas de cuerpo hinchado: que ambas partes pesen exactamente por igual seis libras y que las muelas lentas las trituren. No te falte tampoco albayalde, ni espuma de nitro bermellón, ni el iris que viene del suelo de Iliria: deja que todo esto lo amasen conjuntamente brazos robustos de jóvenes (pero que el peso justo de lo triturado sea de una onza)». 

Para saber más: LA COSMÉTICA DE LA MUJER ROMANA (Gladiatrix en la Arena)
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Foto: Fresco of woman with tray in Villa San Marco. Creative Commons 3.0, photographed by Luiclemens, edits by User: AlMare.

Fuente: Sobre la cosmética del rostro femenino de Ovidio.

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viernes, 7 de agosto de 2020

EL LARARIUM, EL CENTRO DE LA VIDA RELIGIOSA DOMÉSTICA.

El lararium (lararia, pl.) es el santuario de los lares, penates, manes y genios, es decir, los espíritus tutelares y protectores del hogar y la familia. Es, por tanto, el lugar de la sacra privata, la manifestación del aspecto privado de la religión romana. Concretamente es el lugar donde se encuentran los dii familiaris et domestici (divinidades de la familia y el hogar). 

El lararium es el centro de la vida religiosa doméstica. Sin embargo, no es necesario que sea lujoso (aunque las familias acomodadas se podían dejar una fortuna). Tampoco es necesario que tenga unas dimensiones determinadas o un aspecto concreto. Se pueden realizar en un estante o, como era habitual, empotrados en las paredes. Con esto quiero decir que no había una forma estándar en la que debían ser construidos estos altares del culto doméstico. 

En estos lararia se representarían varias deidades. Por ejemplo si el dueño de la casa era comerciante es bastante probable que tuviera una representación del dios Mercurio o en la época del Imperio se extendió el culto al emperador. Aun así como norma general podríamos encontrar , entre otros elementos, figuras o imágenes: 

Lares o dioses de los lugares: se distinguen varias clases de lares pero en este caso hablaremos del Lar del hogar que protege tanto a la casa físicamente como a las personas que viven en ella. Era un dios doméstico, asociado de alguna manera a Vesta y a los Penates. Su imagen estaba pintada en la pared o bien era representado en estatuillas. Se le ofrecían las primicias de los alimentos. Le estaban consagrados la mesa, el salero y la vajilla. Sus ofrendas usuales eran racimos de uvas, coronas de espigas, tarros de miel y tortas de harina. 

Penates: su nombre procede de penus, «despensa», pero su función no solo consistía en velar por el buen estado o abundancia de las provisiones, sino velar también por el bienestar general de los miembros de la familia. Antes de cada comida, reunidos todos en tormo a la mesa, el padre de familia arrojaba al fuego una parte de los alimentos a consumir, en ofrenda a los Penates; se guardaba silencio hasta que se anunciase que los dioses eran propicios. 

Genio (Genius): espíritu protector de cada hombre (la mujeres no tenían genio y esta tarea la realizaba Juno), a semejanza con los démones griegos y los ángeles de las religiones orientales. Se creía que acompañaba al hombre sin dejar de hacerlo en ningún momento de su vida. Presidía las bodas y bajo su protección estaba el lecho conyugal y la unión sexual. Se le tributaba un culto sencillo. Generalmente, se le hacían ofrendas incruentas: flores, incienso, vino y pasteles. La parte del cuerpo humano que le estaba consagrada era la frente, de ahí la costumbre de tocarse la frente cuando iban a orar o a jurar por el Genio. Se le podía representar en forma de serpiente. 

Manes: se les consideraba como los espíritus de los antepasados, protectores de los miembros de la familia. Eran objeto de culto y se les hacían ofrendas de vino, miel, leche y flores. Cuando se descuidaban las obligaciones para con los difuntos, éstos manifestaban su enojo provocando pesadillas nocturnas, enfermedades misteriosas o peligrosas manías. Las siglas D.M.S., que aparecen en las inscripciones funerarias, son las iniciales de Dis Manibus sacrum, «consagrado a los dioses Manes». 

Lararium Pompeji Detail, cc3 by Claus Ableiter
Lararium Pompeii Detail, cc3 by Claus Ableiter


Los requisitos generales, al no ser construidos de una manera estándar, que ha de cumplir un lararium son básicamente los siguientes: 

*NO tener otro uso que el del culto, no se utilizará para otros menesteres. 

*Que una vez consagrado sea permanente. 

*Estar situado en un espacio transitado de la casa, pero que no sea un obstáculo para la vida diaria. 

*Ha de mantenerse constantemente limpio (salubritas) y han de llevarse a cabo los rituales obligatorios (pietas). 

*Ha de disponer de suficiente espacio para acomodar todos los utensilios necesarios para llevar a cabo los rituales. 

Los elementos habituales, aparte de las figuras y representaciones de los dioses domésticos, que encontraríamos normalmente en uno de estos lararia, son: 

- Incienso para ofrecer, una acerra (recipiente para almacenar) y un turibulum (incensario) donde quemar. 

- Una patera (plato pequeño para fines religiosos). 

- Un salinum donde almacenar sal (símbolo de purificación). 

- Una lucerna (lámpara de aceite) o vela. La llama, el fuego, era indispensable para los ritos.

Para saber más: 


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Fuentes: Diccionario de la Religión Romana, de José Contreras Valverde, Gracia Ramos Acebes e Inés Rico Rico y Web Nova Roma.


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